#¿Corrección política u opresión?

Hay entradas, opiniones y reflexiones polémicas en la vida. Críticas a discursos asentados o emergentes que tocan sentimientos complejos que están a flor de piel.

Seguro que os suenan temáticas: religión, política, feminismo…

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Algunos temas son peligrosos, son duros e irritan pieles que están más que escaldadas de antemano pero… ¿Entonces nos quedamos ahí, aceptamos el discurso per se sin cuestionar nada? ¿Qué clase de criterio es ese? Uno fácil, definitivamente y quizá pueda sonar muy respetuoso, pero para nada lo es.

¿Es respeto mantenerme en silencio por miedo de que me acusen, o se trata más bien de miedo? ¿Es el miedo una buena herramienta para combatir actitudes o culturas perjudiciales para los seres humanos? ¿Permitirá adherencia a ese comportamiento el miedo?

Quizá me equivoco y no he valorado esa posición lo suficiente, pero el miedo hasta ahora siempre me ha indicado que elimina comportamientos a nivel público y se queda corto a nivel privado.

Ejemplos de cyberacoso o violencia de género a través de redes sociales son de lo más clarificadores en este aspecto, ya que a través del anonimato o a escondidas las actitudes agresivas o dañinas sí se emplean pero en público se esconden dado a la visibilización del problema como tal.

¿Es negativa la visibilización entonces?

No, para nada. La visibilización hace un efecto muy importante: poner las cartas sobre la mesa. Implica que el vecino sepa de qué hablo cuando hablo de bullying, que le haya pasado por la cabeza, que sepa consecuencias negativas y leves datos de por qué podría ocurrir de manera que también sabe identificarlo y crear criterio sobre ello.

La visibilización crea conversación sobre el tema. Lo abre a debate.

De modo que, y sólo como recordatorio, creo firmemente en ser el reflejo incómodo de la realidad. El impertinente, el difícil, el cargante pero respetuoso y constructivo. Que no ser políticamente correcto no significa necesariamente ser maleducado.

¿Vosotros qué creéis? 🙂

 

 

 

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#Proyectos sociales: ¡No puedo esperar!

Esta semana hablaremos sobre el proyecto ¡No puedo esperar! y la visibilización de las EII.

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¿Qué es una EII? 

EII son las siglas que designan la enfermedad inflamatoria intestinal, un concepto que engloba varias enfermedades como la enfermedad de Crhon o la colitis ulcerosa. Éstas se caracterizan por una inflamación crónica del intestino creando malestar y complicaciones en la salud de los afectados.

Para los pacientes de EII el acceso directo a un lavabo les es sumamente necesario debido a su situación médica: pacientes ostimazados, colectomizados, intervenidos de cáncer de recto u otras situaciones médicas que implican esta necesidad.

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En este sentido, el proyecto NO PUEDO ESPERAR promueve la visibilidad y normalización de las EII así como implica a los diferentes establecimientos, municipios y otras instituciones a ofrecer este acceso a los pacientes de EII.

Desde la ACCU Catalana (Asociación de enfermos de Chron y colitis ulcerosa) se trabaja a través de voluntarios la difusión, visibilización y formación en temas de EII así como la adherencia de los diferentes agentes al proyecto.

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¿Por qué es necesario un proyecto como este?

Por el tipo de enfermedad, muchos pacientes limitan enormemente su vida social debido a la inseguridad de tener cerca un baño en caso de necesitarlo, cosa que ocurre frecuentemente en según qué episodios de la enfermedad.

De este modo, el proyecto cumple con dos elementos básicos: por un lado, informa a la sociedad de la existencia de esta enfermedad, visibilizando a los pacientes así como normalizando la enfermedad y por otro, fomenta la integración, aceptación y seguridad de los pacientes sobre su situación a nivel médico y social, mejorando así estados de ansiedad innecesarios. Transversalmente, se trabaja la red de agentes sociales a nivel institucional, de identidades e incluso de comercios con la sociedad, contribuyendo al bienestar de los conciudadanos.

En definitiva, se trata de un gesto sencillo que aporta calidad de vida a los pacientes.

¿Conocíais el proyecto? ¿Queréis participar? Os dejo a continuación el link directo al proyecto para más información, ¡hasta la próxima! 🙂

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Link al proyecto

 

 

#Día Internacional del Trabajo Social: El trabajo social como promotor de comunidades y entornos sostenibles

Hoy, 21 de marzo del 2017, dedicamos la entrada al trabajo social comunitario participando en el festival de blogs de trabajo social en conmemoración al #DíaInternacionalDelTrabajoSocial para la visibilización de nuestra disciplina.

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La temática de este año es el trabajo social como promotor de comunidades y entornos sostenibles, así que las ideas estoy segura que rebosan en las cabezas de los trabajadores y trabajadoras sociales, ya que se trata de un arte sin límites que interviene en las comunidades de forma colindante siempre.

Pero en esta entrada haremos una visión desde el trabajo comunitario en sí mismo. Así que vamos a entrar en materia por dónde se entra generalmente, la definición de conceptos.

¿Qué es una comunidad?

Según el diccionario de la Real Academia Española (en adelante, RAE), es:

f.Cualidad de común (‖ que pertenece o se extiende a varios).

f.Conjunto de las personas de un pueblo, región o nación.

f.Conjunto de naciones unidas por acuerdos políticos y económicos.

f.Conjunto de personas vinculadas por características o intereses comunes.

f.Junta o congregación de personas que viven unidas bajo ciertas constituciones y reglas, como los conventos, colegios, etc.

Para dejar de lado la relatividad y poder entrar en términos teóricos, nos quedaremos con la cuarta acepción, es decir, “personas vinculadas por características o intereses comunes”.

En este sentido, el trabajo social comunitario aporta múltiples beneficios en una sociedad que cada día es más individualista y debido al ritmo de vida de las personas, encontramos una prácticamente inexistente red social y comunitaria para muchos de los y las ciudadanos/as.

Así pues, las trabajadoras y los trabajadores sociales intervienen para fomentar las redes sociales así como señalar esas características e intereses comunes que comparten las personas de una zona para que se unan y formen una comunidad.

Para que acerquemos el concepto a la realidad, como ejemplo encontraríamos las asociaciones de vecinos que serían un agente de trabajo social comunitario ya que buscan la participación ciudadana para promover medidas que mejoren su barrio, un elemento que comparten en común.

Este tipo de trabajo social busca encontrar puntos en común entre las personas para más tarde dejar en sus manos el poder de cambiar la realidad, empoderándolas en ese proceso. En consecuencia, los individuos cogen las riendas de la situación y deciden en comunidad cuáles son sus necesidades y qué soluciones pueden aplicar así como quiénes son los agentes que deben intervenir en esa realidad.

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Durante el proceso y especialmente al principio, las trabajadoras sociales inciden en los pasos que deben tomar para empezar a buscar esas necesidades en común (es similar a una intervención grupal pero a gran escala, teniendo así características específicas diferentes).

El objetivo del trabajo comunitario es, generalmente, la mejora del bienestar de esa comunidad. Por ese motivo, los ciudadanos  deben decidir sus propias necesidades y escoger en común sus objetivos, promoviendo así su autodeterminación y quedando en sus propias manos el poder de cambio.

De este modo, el o la trabajador/a social tendrá finalmente el papel de ayuda, asesoramiento y apoyo.

¿Y qué tiene que ver la sostenibilidad?

Aunque es un concepto medioambiental, yo utilizaré el término con su definición de prolongado en el tiempo por sí mismo, sin ejercer daños.

Precisamente, la esencia de las intervenciones del trabajo social comunitario son potenciar la capacidad de las comunidades para funcionar por sí mismas a lo largo del tiempo. Es decir, el recurso que se trabaja en realidad es el capital humano. Se trata de empoderar a los individuos que forman parte de la comunidad para que sean capaces luchar por sí mismos para cambiar la situación que no les funciona, algo muy propio de nuestra disciplina: el trabajo social.

Aunque como hemos hablado anteriormente con el ejemplo de la asociación de vecinos se necesita la colaboración de otros agentes sociales para conseguir cambios. Es decir, para que mis hijos no tengan que caminar solos 5km hasta la biblioteca más cercana para hacer algunos trabajos. De este modo, necesitamos una biblioteca cerca o algún transporte público a ella (la necesidad). En la asociación de padres comento el problema y la necesidad parece que afecta a más personas.

Así, creamos una comisión de trabajo en busca de posibles soluciones. Nos encontramos en una zona rural, de modo que la posibilidad del transporte público es complicada pero solicitamos una reunión con el ayuntamiento para hablar de nuestras propuestas, junto con un miembro de la escuela. En este caso, podemos ver que la escuela y el ayuntamiento son elementos esenciales para un cambio real, porque necesitamos la implicación de varios agentes sociales para el trabajo comunitario.

Este tipo de trabajo requiere intervenciones con resultados a largo plazo pero son potencialmente preventivos, debido a que las personas conocen mejor los procesos a seguir para conseguir cubrir sus necesidades, evitando así problemáticas y recursos.

Desgraciadamente, el trabajo comunitario no suele ser el eje político de las intervenciones sociales debido a cómo funciona la política (necesidad de resultados en tempos reducidos para demostrar el éxito de las intervenciones), pero sí existen múltiples vías de trabajo social comunitario que se emprenden continuamente: una asociación de vecinos, una cooperativa o una asociación de padres y madres, por ejemplo.

Finalmente, y con mucha esperanza, os deseo un feliz #DiaTS para que sigamos trabajando por el cambio en positivo de la sociedad. ¡Que la fuerza os acompañe!

#Ideas perniciosas del imaginario colectivo: La relación de ayuda siempre es gratis

Hoy hablaremos en este post de la perniciosa idea generalizada sobre las relaciones profesionales de ayuda.

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Fuente: Pixabay.com

Hace algunos meses, escuchaba en una conversación de café a una señora quejándose del comedor social de su pueblo. Durante su discurso decía que le parecía increíble que una institución – así lo definía – como un comedor social que tiene como objetivo una idea tan noble como ayudar a los demás cuando más lo necesitan, tuviese trabajadores. Personas que cobran un sueldo por dedicar su tiempo a recoger los alimentos, organizar las comidas, cocinarlas, servirlas, repartirlas y el largo etcétera del funcionamiento de un comedor social, pero con la alarma de que éstos cobran por su trabajo.

¡No son voluntarios! – decía la mujer indignada una y otra vez durante la conversación.

Y esto me trajo a una reflexión derivada de esa idea generalizada en nuestra sociedad: La ayuda no se paga. Porque parece que esas personas, no comen. Ni comen, ni pagan facturas de luz, agua o gas. Ni tienen derecho a ir al cine un fin de semana. Porque si tu profesión está relacionada con la ayuda a los demás, debes hacerlo por voluntad, por moral, como si fuese suficiente para vivir la autorealización.

Esta idea es perniciosa hasta decir basta porque parte de dos principios básicos. El primero es que se parte de la idea: “Cuando yo ayudo al otro, doy sin pedir nada a cambio”. Y esto es un problema esencial porque parte del asistencialismo, de la caridad y de la solidaridad que en muchas ocasiones deja al descubierto a personas que sufren carencias importantes.

La diferencia entre el asistencialismo y el estado de bienestar es justamente esta. En el segundo, yo puedo exigirle al estado que cubra mis necesidades como responsable de mi cuidado como ciudadano, así como de la toma de decisiones que le cedí en su día en el pacto social implícito derivado de un intervencionismo social estatal que se halla albergado en el seno de lo que significa un estado del bienestar.

En el asistencialismo, en cambio, partimos de la idea de que ocasionalmente la sociedad en su conjunto así como el estado podrán cubrir mis necesidades, pero no es su obligación ni su deber y si dejan de hacerlo, no hay ley que hayan incumplido y por lo tanto, me quedaré sin asistencia.

Esta línea de trabajo implica una mayor precariedad de la intervención social, puesto que no hay un volumen importante de personas dedicadas a las relaciones de ayuda profesional que estén dispuestas a olvidarse de su propia vida, de pagar sus facturas y trabajar por amor al arte. En cambio, sí podría existir un mayor interés en el ámbito de la ayuda profesional y social si fuese posible cubrir las necesidades de estas personas a través de su quehacer profesional, que al fin y al cabo están trabajando por mejorar la calidad de vida de los ciudadanos de su sociedad. Algo que, quizá destiña mucha subjetividad expuesto por una trabajadora social, pero creo que es evidente que sí merece una remuneración.

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Fuente: Pixabay.com

Del mismo modo, el segundo principio en el que se sustenta esta perniciosa idea es que valorar económicamente un acto de ayuda es desprestigiarlo, quitarle el sentido y  acercarlo a la corrupción, como si querer cobrar por ayudar a los demás fuese un delito.

En este sentido, es evidente que existe una fuerte confusión con la descripción de qué es una ONG, es decir, una organización no gubernamental, o para definirlas mejor, organizaciones sin ánimo de lucro.

Cuando se describen como organizaciones o empresas “sin ánimo de lucro”, no quiere decir que no cubran los gastos de las personas que trabajan en ellas. Las personas que dedican su esfuerzo, su formación y responden ante los actos que realizan dentro de su ejercicio profesional, son personas asalariadas que deben cubrir sus gastos necesarios, así como la misma empresa genera ciertos gastos, ya sean administrativos o ligados al propio volumen de trabajo.

¿De verdad alguien puede pensar que ONG tan extensas como Amnistía Internacional, ACNUR o ManosUnidas tienen tantas personas trabajando en sus actividades por amor al arte sin cubrir gasto alguno?

Así pues, a través de este post queremos lanzar la reflexión – porque dándole veracidad al dicho, si no se registra no consta – sobre la relación profesional de ayuda y la necesidad de quitarle esa etiqueta negativa cuando ésta es remunerada económicamente, puesto que ello permite no sólo mejorar el ejercicio profesional, ya que por ejemplo, un trabajador social no tiene que encontrar un trabajo remunerado para cubrir sus necesidades básicas y ejercer su profesión como voluntario, si no que además, es necesario que valoricemos – ¡y recompensemos, evidentemente! – económicamente el ámbito social, así como a sus trabajadores.

¿No os parecería absurdo pensar que un médico está haciendo algún perjurio a la sociedad cuando pide dinero tras una operación?

#Activismo de barrio

Hace un tiempo hablamos en el blog sobre el concepto de comunidad y lo que ello implica. Pero hoy traeremos a la palestra una iniciativa concreta, desmigajada, para que entendamos los entresijos del activismo social y sus beneficios dentro de una comunidad.

En Cataluña, antes del 1983, con la creación de la Escuela Catalana de Servicios Sociales y su posterior implicación en política social, ya constaba dentro de sus principios el método desinstitucionalizado de intervención (Areaga:2001). En este sentido, se destaca el fuerte carácter existente entorno al concepto de comunidad en la zona.

De este modo, no es difícil ver en numerosos barrios asociaciones de vecinos intensamente coordinadas para trabajar en pro de una mejor ciudad. Este es el caso de Badalona, una ciudad situada a 10km de Barcelona que posee una población de 219,708 habitantes.

Ésta ciudad tiene un entramado de más de 40 asociaciones de vecinos, entre las que no sólo se promueve la cohesión social, las redes sociales o para que nos entendamos, conocernos mejor los unos a los otros. Del mismo modo que se realizan estas funciones, se acogen aquellas demandas que la ciudadanía ve. Y es que quiénes viven día a día en sus casas son quiénes más fácilmente pueden detectar la urgencia del cambio de acera para evitar accidentes a los transeúntes más mayores o la necesidad de una biblioteca para los jóvenes del barrio.

Así pues, la asociación de vecinos de Bufalà, un barrio de la ciudad, decidió realizar el pasado 31 de octubre una fiesta celebrando la Castañada de un modo particular.

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Fuente: avvbufala.org/el-fem-bufala-planifica-properes-accions

Los vecinos de la asociación embarcaron hace unos meses el proyecto FEM BUFALÀ (Hacemos Bufalà), con el objetivo de realizar diferentes acciones reivindicativas así como propuestas para la mejora del barrio, con iniciativas a través de grupos de trabajo que realizan propuestas como la construcción de una biblioteca-centro cívico a través de un edificio histórico que ahora está en ruinas, la creación de huertos urbanos para los más mayores o la necesidad del mantenimiento de los parques.

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Cartel de la fiesta reivindicativa

Ésta última fue la reivindicación que llevaron a cabo a través de la fiesta de la Castañada, realizada en el parque Torrents i Lladó, un parque bastante deteriorado.

En él se reivindicaban las necesidades de una adecuación de la área de perros, la mejora de la iluminación y limpieza, la habilitación de los espacios para actividades deportivas con el objetivo de fomentar otros usos del parque por los jóvenes – intentando evitar a su vez el botellón, práctica habitual en el parque debido a la falta de iluminación – el aumento de las flores y plantas, así como un espacio para actividades de deporte para mayores o columpios para los más pequeños.

Este tipo de actividad hizo que, aquellos vecinos que no formaban parte de la asociación, pero que viven cerca del parque o lo utilizan, se sumaran a una recogida de firmas para la reivindicación y conocieran el grupo asociativo.

No fueron pocos los ciudadanos que se acercaron a comer unas castañas y comentar con otros vecinos – que frecuentemente son absolutos desconocidos a falta de tiempo y ejercicios sociales de este tipo – el problema que suponía la falta de luz en el parque como elemento de seguridad cuando bajaban con sus hijos a jugar. De este modo, el tejido social se impulsaba, pero también el interés por que las cosas mejoren  fomentando la implicación de los vecinos, un elemento indispensable del trabajo social comunitario desde una perspectiva horizontal.

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El elemento cultural que aportaba la castañada en sí misma conjugada con la -cada vez más asimilada -fiesta de Halloween,  fueron también un reclamo para que los más jóvenes se interesasen por la iniciativa, que les pareció muy interesante debido al uso que realizan del parque.

Fueron múltiples las actividades que se realizaron, como el repartimiento de castañas, moscatel, el concurso de calabazas disfrazadas, una exhibición de Tai-Chi al aire libre e incluso un partido fútbol para los más pequeños.

Las diferentes actividades demostraron que se trata de un espacio con mucho potencial a explotar. Señaló también la fuerza que posee el activismo de barrio, ya que no sólo se recogieron tantas firmas como documentos se disponían, si no que además contaron con la presencia de la alcaldesa entre otros dirigentes políticos, que vieron las necesidades en primera persona.

En definitiva, este tipo de actividades fomentan la implicación de la sociedad en mejorar lo que consideran como propio: “su barrio”, identificándose con él y aportando una mayor cohesión social.

Tanto fue así que entre las reivindicaciones, apareció la de dar identidad al parque, ya que meses antes se retiró la placa que daba nombre al lugar por desperfectos y a falta de acciones institucionales, fueron los vecinos quiénes lo rebautizaron..

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Cabe recordar que la organización social tiene más poder del que los ciudadanos imaginan.

El cambio ocurre si es la base de la organización la que lo entiende y realiza – Jorge Gónzalez Moore.