#La importancia de registrar en el Trabajo Social

Si alguna vez habéis hecho prácticas en algún centro de atención al público dónde el trabajador o la trabajadora social reciben visitas diariamente, seguro que habéis oído la siguiente crítica.

Como si no tuviese el tiempo suficientemente limitado para atender a los usuarios que encima me tengo que pasar le día aquí registrando lo que he hecho…

¿Y esta crítica, a qué se debe? ¿Qué quieren decir los profesionales de lo social con estas frases?

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En este sentido, los trabajadores sociales que realizan atención directa (servicios sociales, servicios sanitarios, servicios especializados, o escuelas entre muchos otros) deben atender a los usuarios a través de visitas, compaginándolo con el trabajo que suponen esas mismas visitas.

Marisa cuando va a hablar con la trabajadora social busca información sobre la Ley de dependencia y cómo solicitarla porque su vecina le ha comentado que con la ayuda de la asistenta trabajadora social ha accedido a un centro de día y pueden sobrellevar la situación mejor.

Acude entonces a Servicios sociales como le han indicado y pide hora para que le atiendan. Cuando por fin tiene esa cita (cosa que dependiendo del municipio puede costar más o menos), habla con la trabajadora social que le han asignado sobre su caso.

Tras comentar la situación junto a su madre en el despacho, comentan que sería positivo ingresar en un centro de día y concluyen la vista con una lista de centros que deberían mirar así como la solicitud del reconocimiento de la dependencia.

Al salir del despacho, Claudia – la trabajadora social – tiene que registrar en el ordenador todo lo que ha ocurrido, así como iniciar el trámite de la solicitud de valoración del grado de dependencia y esperar a que Marisa le entregue la documentación necesaria. Mientras registra en la historia social la situación (así como le abre una ficha técnica con su pertinente organigrama entre otros) llaman a su puerta.

Es la siguiente visita…

Así transcurre un seguido de entrevistas que incluyen las historias personales de los diferentes y las diferentes usuarias que acuden al servicio. Esta situación presenta para los profesionales diferentes dificultades que nos transmiten de forma implícita a través de la crítica a los registros:

  • Los profesionales y las profesionales no tienen tiempo para realizar los registros de forma adecuada. Si hay más visitas que tiempo para hacer los registros al instante, hay matices y detalles que pueden ser esenciales que se pueden perder fácilmente.
  • Esto nos indica que los profesionales y las profesionales están desbordados, carecen de tiempo. Es decir, falta personal para atender a la ciudadanía.
  • Esta situación de desbordamiento puede desembocar en un síndrome del burnout, o dicho de otro modo, una situación de estrés prolongada que tiene como resultado ineficacia, fatiga y negación en los profesionales.

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¿Y qué quiere decir en definitiva toda esta situación?

Que los usuarios no están atendidos como podrían estarlo, que la calidad del servicio se pierde y que la intervención a la larga es deficiente, mostrando una necesidad de una mayor presencia de trabajadores sociales en los servicios (aumentar los/as profesionales por ratios).

Pero…¿Es eso culpa de los registros? 

No. Definitivamente no. Los registros son herramientas muy importantes en el trabajo social porque:

  • Nos permiten analizar por segunda vez y exhaustivamente la intervención a la hora de transcribirlos.
  • Promueven y ayudan en la intervención multidisciplinar e interdisciplinar, permitiendo compartir información así como mejorando la calidad de las intervenciones de los profesionales con los usuarios permitiendo una visión holística de la situación.
  • Facilitan la recopilación de datos a nivel macro para realizar estudios estadísticos y entender mejor la realidad a la que nos enfrentamos, permitiendo mejorar las políticas sociales o impulsando la creación de proyectos sociales.
  • Del mismo modo, a nivel micro permiten el estudio en profundidad de situaciones (siempre y cuando los usuarios den su consentimiento y deseen participar) para visibilizar situaciones, entender realidades, etc.

En definitiva, la importancia de los registros en trabajo social es clara, pero todavía es más claro el mensaje que, de forma implícita, se envía cuando se critica la acción de registrar entre los trabajadores sociales: necesitamos más profesionales.

#Trabajo Social Sanitario: Aceptación del diagnóstico

Empiezo este 2017 con ganas de retomar algo que quisiera no tener que dejar, aunque como muchos sabréis el tiempo en ocasiones nos juega en contra. Abrimos el año con una entrada que significa mucho para mí a nivel personal y que espero que fomente el valor del trabajo social sanitario, algo esencial a día de hoy en el cuidado de las personas y su salud.

Hoy hablaremos del papel del trabajador social a nivel sanitario y especialmente, sobre la relación con el paciente en una intervención clave: la aceptación del diagnóstico.

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Alicia hace unos meses que tiene síntomas de alguna enfermedad. No le ha dado la mayor importancia debido al ritmo de vida que lleva (el trabajo, la casa, los niños…), pero empieza a estar preocupada y acude al médico. 

Tras unos meses de pruebas, el médico detecta una compleja enfermedad en Alicia. Algo que no será pasajero, algo que le acompañará toda la vida, algo crónico. Y tras el diagnóstico y algunas pautas básicas, el doctor le da cita para varias pruebas más. Una de las citas, le comenta que será con enfermería dónde le explicarán extensamente qué implica ese diagnóstico.

Dentro de 15 días…

En cuando llega a casa, Alicia busca el diagnóstico en internet y se empapa de miles de opinones, artículos, comentarios así como posibles tratamientos. Y siente una ola de confusión. El asunto le abruma de tal manera que decide obviarlo, aunque como frecuentemente ocurre, las emociones le sobrevienen cuando menos se lo espera. Se siente sola y confusa, la enfermedad sigue y no sabe con quién consultar aquello que le ocurre. Cuando asiste de nuevo a su centro de salud, le comentan que no hay más citas, que debe esperar al día que le toca y con la frustración que ello implica se va a casa de nuevo.

Sus padres llegan a casa y le preguntan cómo ha ido el médico. Alicia no sabe bien explicar su diagnóstico y lo decora con aquello que ha recopilado en internet. Sus padres quedan todavía más confusos y llenan a Alicia de preguntas y sólo le hacen sentirse peor y todavía más sola, puesto que no encuentra fuentes fiables de información para entender qué le está pasando.

Y por fin llega el día esperado con la enfermera: le explica el diagnóstico, las dudas que le vienen en el momento, le da un número de contacto, un email y mucha información que aunque apacigua sus dudas, la introduce en una vorágine de emociones difíciles de gestionar y que a su familia desborda porque no saben realmente reaccionar.

Este momento, suele ocurrir en numerosas ocasiones ante la detección y exposición de algunos diagnósticos para un paciente. Aunque hay cierta idea de lo que implicará para la persona a nivel fisiológico y las dudas que puede presentar este nuevo panorama de vida para el usuario, no se plantea ningún plan a nivel social o emocional.

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Ahí entra el trabajador social. El acompañamiento durante la adaptación a esta nueva realidad, las emociones que emergen y la aceptación de la enfermedad son esenciales. Y aunque hay una mayor integración de este papel a nivel de diagnóstico de salud mental o algunas enfermedades específicas, no se trata de algo generalizado a enfermedades crónicas o de un impacto importante en las vidas de las personas.

El trabajador social se encarga de los factores psicosociales que afectan a los pacientes. De este modo, es necesario integrar el acompañamiento en este tipo de situaciones ya que el proceso emocional puede derivar en un empeoramiento de la enfermedad o un abandono de la medicación. Es decir, los trabajadores sociales inciden principalmente en la adaptación del paciente a lo que significa tener una enfermedad y cómo cambiará su vida a partir de ese diagnóstico. Tanto a nivel médico como a nivel personal.

Los límites que le implantará la enfermedad, los cambios que deberá integrar, información sobre las asociaciones o grupos de apoyo pertinentes, cómo comunicar la enfermedad a sus familiares o conocidos, apoyo en la búsqueda de estrategias para adaptar su entorno a su nueva forma de vida y especialmente, la gestión de los sentimientos y emociones que evocan la nueva situación.

Estos elementos pasan frecuentemente por alto y empeoran la situación de los pacientes, influyendo en una disminución de la adherencia terapéutica, cosa que empeora la situación médica de los pacientes y los desvincula de las instituciones sanitarias impidiendo, además, el seguimiento de la persona.

Consecuentemente, entendemos esencial el papel del trabajador social sanitario en el equipo multidisciplinar que interviene con pacientes de diagnósticos de enfermedades crónicas o degenerativas para la mejora de su calidad de vida, especialmente en la etapa de la aceptación del diagnóstico y su adaptación a la nueva realidad.