#Trabajo social y cine: Múltiple

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[CONTIENE SPOILERS]

Hoy hablaremos sobre un estreno reciente: Múltiple (Split). Trata de una película que mezcla fantasía y realidad, contando la historia de Kevin un joven con personalidad múltiple con un total de 23 personalidades diferentes.

Esta enfermedad mental se basa en «la presencia de dos o más identidades –raras veces más de diez- que toman el control de la conducta de una persona de forma recurrente, teniendo cada una de ellas recuerdos, relaciones y actitudes propios» (DSM-IV). Es decir, lo que vive una personalidad no lo vive otra.

Aunque pueda parecer que ese es el mensaje de la película, la enfermedad mental, es todo lo contrario. La historia trata de desgranar el impacto del trauma en las personas y realzar el valor que les da como supervivientes a la adversidad.

Night, nos muestra dos historias que se entrecruzan. Casey, víctima de abusos por parte de su tío se muestra hostil y desintegrada en un cumpleaños, mostrando la exclusión social que implica lo diferente así como las emociones y actitudes adheridas a una situación de trauma. Aunque se trata de una subtrama que parece ser tendrá desenlace en una segunda entrega del film ya confirmada.

Por otro lado, Kevin, quién también sufrió abusos por parte de su madre padece además personalidad múltiple disociada. En el film, a través de su terapeuta la Dra. Fletcher nos muestran una visión alternativa a la normativa: ¿y si las personas con personalidad múltiple son superiores porque son capaces de hacer cosas que la “normalidad” no puede?

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En este sentido, el enfoque sobre las enfermedades mentales está en la línea de la diversidad funcional. Es decir, plantear la personalidad múltiple como una forma de funcionar diferente a la que socialmente estamos acostumbrados y no como una inferioridad; plantearlo como un añadido, no como algo que resta.

La Dra. Fletcher en este sentido nos muestra herramientas que usamos en el trabajo social: empatía, comprensión, escucha activa, observación…Es más, durante las sesiones con Kevin (Barry, Denis y otros) parafrasea lo que él dice para demostrar que le escucha y no sólo eso, si no que entiende lo que él quiere decir realmente. Esta herramienta es habitual en trabajo social para extraer las demandas implícitas así como para respetar el derecho de autodeterminación de la persona.

Durante esas sesiones, las personalidades de Kevin piden ayuda a la terapeuta ya que se acerca una situación compleja: la identidad número 24 despertará y parece ser oscura. La trama a partir de entonces se sumerge en la historia de una lucha de personalidades con mayor poder que pretenden oscurecer la situación a través del sacrificio de tres jóvenes (Casey, una de ellas por accidente) para satisfacer a la bestia, una personalidad surgida del contacto con el trabajo de Kevin, un zoo.

Existen diferentes asociaciones que critican la visión que se da de los pacientes con TID a través del cine o la literatura, debido a que en general la temática suele acompañarlos con actitudes agresivas o terror, generando una imagen negativa del colectivo en el imaginario colectivo. Y aunque, personalmente, es una crítica certera, también es cierto que el arte en general a fomentado la visibilización de los pacientes, de las enfermedades y del interés de las personas por ver otras formas de vivir.

Cabe destacar que se trata de una película con fantasía, por ese motivo se hacen afirmaciones que son cuestionables o que todavía no están claras entre los expertos de la material. Por ejemplo, la posibilidad de alterar la neurobiología en función del estado de personalidad. En este sentido, es necesario ver la película con criterio y entendiendo que se trata de arte que mezcla fantasía y realidad.

Para más información sobre este tipo de transtornos, podréis encontrar su definición y diagnóstico en el DSM-IV con el nombre Transtorno de la identidad disociativo.

 

#Trabajo Social Sanitario: Aceptación del diagnóstico

Empiezo este 2017 con ganas de retomar algo que quisiera no tener que dejar, aunque como muchos sabréis el tiempo en ocasiones nos juega en contra. Abrimos el año con una entrada que significa mucho para mí a nivel personal y que espero que fomente el valor del trabajo social sanitario, algo esencial a día de hoy en el cuidado de las personas y su salud.

Hoy hablaremos del papel del trabajador social a nivel sanitario y especialmente, sobre la relación con el paciente en una intervención clave: la aceptación del diagnóstico.

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Alicia hace unos meses que tiene síntomas de alguna enfermedad. No le ha dado la mayor importancia debido al ritmo de vida que lleva (el trabajo, la casa, los niños…), pero empieza a estar preocupada y acude al médico. 

Tras unos meses de pruebas, el médico detecta una compleja enfermedad en Alicia. Algo que no será pasajero, algo que le acompañará toda la vida, algo crónico. Y tras el diagnóstico y algunas pautas básicas, el doctor le da cita para varias pruebas más. Una de las citas, le comenta que será con enfermería dónde le explicarán extensamente qué implica ese diagnóstico.

Dentro de 15 días…

En cuando llega a casa, Alicia busca el diagnóstico en internet y se empapa de miles de opinones, artículos, comentarios así como posibles tratamientos. Y siente una ola de confusión. El asunto le abruma de tal manera que decide obviarlo, aunque como frecuentemente ocurre, las emociones le sobrevienen cuando menos se lo espera. Se siente sola y confusa, la enfermedad sigue y no sabe con quién consultar aquello que le ocurre. Cuando asiste de nuevo a su centro de salud, le comentan que no hay más citas, que debe esperar al día que le toca y con la frustración que ello implica se va a casa de nuevo.

Sus padres llegan a casa y le preguntan cómo ha ido el médico. Alicia no sabe bien explicar su diagnóstico y lo decora con aquello que ha recopilado en internet. Sus padres quedan todavía más confusos y llenan a Alicia de preguntas y sólo le hacen sentirse peor y todavía más sola, puesto que no encuentra fuentes fiables de información para entender qué le está pasando.

Y por fin llega el día esperado con la enfermera: le explica el diagnóstico, las dudas que le vienen en el momento, le da un número de contacto, un email y mucha información que aunque apacigua sus dudas, la introduce en una vorágine de emociones difíciles de gestionar y que a su familia desborda porque no saben realmente reaccionar.

Este momento, suele ocurrir en numerosas ocasiones ante la detección y exposición de algunos diagnósticos para un paciente. Aunque hay cierta idea de lo que implicará para la persona a nivel fisiológico y las dudas que puede presentar este nuevo panorama de vida para el usuario, no se plantea ningún plan a nivel social o emocional.

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Ahí entra el trabajador social. El acompañamiento durante la adaptación a esta nueva realidad, las emociones que emergen y la aceptación de la enfermedad son esenciales. Y aunque hay una mayor integración de este papel a nivel de diagnóstico de salud mental o algunas enfermedades específicas, no se trata de algo generalizado a enfermedades crónicas o de un impacto importante en las vidas de las personas.

El trabajador social se encarga de los factores psicosociales que afectan a los pacientes. De este modo, es necesario integrar el acompañamiento en este tipo de situaciones ya que el proceso emocional puede derivar en un empeoramiento de la enfermedad o un abandono de la medicación. Es decir, los trabajadores sociales inciden principalmente en la adaptación del paciente a lo que significa tener una enfermedad y cómo cambiará su vida a partir de ese diagnóstico. Tanto a nivel médico como a nivel personal.

Los límites que le implantará la enfermedad, los cambios que deberá integrar, información sobre las asociaciones o grupos de apoyo pertinentes, cómo comunicar la enfermedad a sus familiares o conocidos, apoyo en la búsqueda de estrategias para adaptar su entorno a su nueva forma de vida y especialmente, la gestión de los sentimientos y emociones que evocan la nueva situación.

Estos elementos pasan frecuentemente por alto y empeoran la situación de los pacientes, influyendo en una disminución de la adherencia terapéutica, cosa que empeora la situación médica de los pacientes y los desvincula de las instituciones sanitarias impidiendo, además, el seguimiento de la persona.

Consecuentemente, entendemos esencial el papel del trabajador social sanitario en el equipo multidisciplinar que interviene con pacientes de diagnósticos de enfermedades crónicas o degenerativas para la mejora de su calidad de vida, especialmente en la etapa de la aceptación del diagnóstico y su adaptación a la nueva realidad.