#¿Corrección política u opresión?

Hay entradas, opiniones y reflexiones polémicas en la vida. Críticas a discursos asentados o emergentes que tocan sentimientos complejos que están a flor de piel.

Seguro que os suenan temáticas: religión, política, feminismo…

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Algunos temas son peligrosos, son duros e irritan pieles que están más que escaldadas de antemano pero… ¿Entonces nos quedamos ahí, aceptamos el discurso per se sin cuestionar nada? ¿Qué clase de criterio es ese? Uno fácil, definitivamente y quizá pueda sonar muy respetuoso, pero para nada lo es.

¿Es respeto mantenerme en silencio por miedo de que me acusen, o se trata más bien de miedo? ¿Es el miedo una buena herramienta para combatir actitudes o culturas perjudiciales para los seres humanos? ¿Permitirá adherencia a ese comportamiento el miedo?

Quizá me equivoco y no he valorado esa posición lo suficiente, pero el miedo hasta ahora siempre me ha indicado que elimina comportamientos a nivel público y se queda corto a nivel privado.

Ejemplos de cyberacoso o violencia de género a través de redes sociales son de lo más clarificadores en este aspecto, ya que a través del anonimato o a escondidas las actitudes agresivas o dañinas sí se emplean pero en público se esconden dado a la visibilización del problema como tal.

¿Es negativa la visibilización entonces?

No, para nada. La visibilización hace un efecto muy importante: poner las cartas sobre la mesa. Implica que el vecino sepa de qué hablo cuando hablo de bullying, que le haya pasado por la cabeza, que sepa consecuencias negativas y leves datos de por qué podría ocurrir de manera que también sabe identificarlo y crear criterio sobre ello.

La visibilización crea conversación sobre el tema. Lo abre a debate.

De modo que, y sólo como recordatorio, creo firmemente en ser el reflejo incómodo de la realidad. El impertinente, el difícil, el cargante pero respetuoso y constructivo. Que no ser políticamente correcto no significa necesariamente ser maleducado.

¿Vosotros qué creéis? 🙂

 

 

 

#Proyectos sociales: ¡No puedo esperar!

Esta semana hablaremos sobre el proyecto ¡No puedo esperar! y la visibilización de las EII.

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¿Qué es una EII? 

EII son las siglas que designan la enfermedad inflamatoria intestinal, un concepto que engloba varias enfermedades como la enfermedad de Crhon o la colitis ulcerosa. Éstas se caracterizan por una inflamación crónica del intestino creando malestar y complicaciones en la salud de los afectados.

Para los pacientes de EII el acceso directo a un lavabo les es sumamente necesario debido a su situación médica: pacientes ostimazados, colectomizados, intervenidos de cáncer de recto u otras situaciones médicas que implican esta necesidad.

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En este sentido, el proyecto NO PUEDO ESPERAR promueve la visibilidad y normalización de las EII así como implica a los diferentes establecimientos, municipios y otras instituciones a ofrecer este acceso a los pacientes de EII.

Desde la ACCU Catalana (Asociación de enfermos de Chron y colitis ulcerosa) se trabaja a través de voluntarios la difusión, visibilización y formación en temas de EII así como la adherencia de los diferentes agentes al proyecto.

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¿Por qué es necesario un proyecto como este?

Por el tipo de enfermedad, muchos pacientes limitan enormemente su vida social debido a la inseguridad de tener cerca un baño en caso de necesitarlo, cosa que ocurre frecuentemente en según qué episodios de la enfermedad.

De este modo, el proyecto cumple con dos elementos básicos: por un lado, informa a la sociedad de la existencia de esta enfermedad, visibilizando a los pacientes así como normalizando la enfermedad y por otro, fomenta la integración, aceptación y seguridad de los pacientes sobre su situación a nivel médico y social, mejorando así estados de ansiedad innecesarios. Transversalmente, se trabaja la red de agentes sociales a nivel institucional, de identidades e incluso de comercios con la sociedad, contribuyendo al bienestar de los conciudadanos.

En definitiva, se trata de un gesto sencillo que aporta calidad de vida a los pacientes.

¿Conocíais el proyecto? ¿Queréis participar? Os dejo a continuación el link directo al proyecto para más información, ¡hasta la próxima! 🙂

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Link al proyecto

 

 

#La importancia de registrar en el Trabajo Social

Si alguna vez habéis hecho prácticas en algún centro de atención al público dónde el trabajador o la trabajadora social reciben visitas diariamente, seguro que habéis oído la siguiente crítica.

Como si no tuviese el tiempo suficientemente limitado para atender a los usuarios que encima me tengo que pasar le día aquí registrando lo que he hecho…

¿Y esta crítica, a qué se debe? ¿Qué quieren decir los profesionales de lo social con estas frases?

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En este sentido, los trabajadores sociales que realizan atención directa (servicios sociales, servicios sanitarios, servicios especializados, o escuelas entre muchos otros) deben atender a los usuarios a través de visitas, compaginándolo con el trabajo que suponen esas mismas visitas.

Marisa cuando va a hablar con la trabajadora social busca información sobre la Ley de dependencia y cómo solicitarla porque su vecina le ha comentado que con la ayuda de la asistenta trabajadora social ha accedido a un centro de día y pueden sobrellevar la situación mejor.

Acude entonces a Servicios sociales como le han indicado y pide hora para que le atiendan. Cuando por fin tiene esa cita (cosa que dependiendo del municipio puede costar más o menos), habla con la trabajadora social que le han asignado sobre su caso.

Tras comentar la situación junto a su madre en el despacho, comentan que sería positivo ingresar en un centro de día y concluyen la vista con una lista de centros que deberían mirar así como la solicitud del reconocimiento de la dependencia.

Al salir del despacho, Claudia – la trabajadora social – tiene que registrar en el ordenador todo lo que ha ocurrido, así como iniciar el trámite de la solicitud de valoración del grado de dependencia y esperar a que Marisa le entregue la documentación necesaria. Mientras registra en la historia social la situación (así como le abre una ficha técnica con su pertinente organigrama entre otros) llaman a su puerta.

Es la siguiente visita…

Así transcurre un seguido de entrevistas que incluyen las historias personales de los diferentes y las diferentes usuarias que acuden al servicio. Esta situación presenta para los profesionales diferentes dificultades que nos transmiten de forma implícita a través de la crítica a los registros:

  • Los profesionales y las profesionales no tienen tiempo para realizar los registros de forma adecuada. Si hay más visitas que tiempo para hacer los registros al instante, hay matices y detalles que pueden ser esenciales que se pueden perder fácilmente.
  • Esto nos indica que los profesionales y las profesionales están desbordados, carecen de tiempo. Es decir, falta personal para atender a la ciudadanía.
  • Esta situación de desbordamiento puede desembocar en un síndrome del burnout, o dicho de otro modo, una situación de estrés prolongada que tiene como resultado ineficacia, fatiga y negación en los profesionales.

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¿Y qué quiere decir en definitiva toda esta situación?

Que los usuarios no están atendidos como podrían estarlo, que la calidad del servicio se pierde y que la intervención a la larga es deficiente, mostrando una necesidad de una mayor presencia de trabajadores sociales en los servicios (aumentar los/as profesionales por ratios).

Pero…¿Es eso culpa de los registros? 

No. Definitivamente no. Los registros son herramientas muy importantes en el trabajo social porque:

  • Nos permiten analizar por segunda vez y exhaustivamente la intervención a la hora de transcribirlos.
  • Promueven y ayudan en la intervención multidisciplinar e interdisciplinar, permitiendo compartir información así como mejorando la calidad de las intervenciones de los profesionales con los usuarios permitiendo una visión holística de la situación.
  • Facilitan la recopilación de datos a nivel macro para realizar estudios estadísticos y entender mejor la realidad a la que nos enfrentamos, permitiendo mejorar las políticas sociales o impulsando la creación de proyectos sociales.
  • Del mismo modo, a nivel micro permiten el estudio en profundidad de situaciones (siempre y cuando los usuarios den su consentimiento y deseen participar) para visibilizar situaciones, entender realidades, etc.

En definitiva, la importancia de los registros en trabajo social es clara, pero todavía es más claro el mensaje que, de forma implícita, se envía cuando se critica la acción de registrar entre los trabajadores sociales: necesitamos más profesionales.

#Trabajo Social y cine: Un monstruo viene a verme

Bienvenidos a la nueva sección del blog: Trabajo social y cine. Creo conveniente compartir elementos tanto de lectura como audiovisuales que pueden evocar debate, conceptos o experiencias importantes para el mundo de lo social.

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En este sentido, el cine es uno de mis preferidos y hoy empezaremos con una película que no tiene desperdicio analizada desde la perspectiva profesional.

[CONTIENE SPOILERS]

En esta entrada hablaremos de Un monstruo viene a verme, una película llena de delicadeza, emociones, dolor y liberación. Pero sobretodo, dura realidad.

J. A. Bayona nos cuenta la historia de Conor O’Malley, un adolescente con una situación difícil en casa. Su madre está enferma de cáncer, su padre vive en Estados Unidos dónde ha formado una familia tras separarse de su madre, no tiene muy buena relación con su abuela y en el colegio tiene problemas con algunos compañeros que le hacen bullying.

Con este contexto, Conor acaba invocando a través de su imaginación a un monstruo que insiste en contarle tres historias. Y al final de ellas, afirma que el joven tendrá que contarle la cuarta y ésta será la verdad.

A partir de aquí, a través de cada historia, el monstruo nos enseña una nueva lección valiosa que ayudará a O’Malley a desvelar su verdad más profunda: quiere dejar ir a su madre.

La presión, el dolor, el desgaste que supone la pérdida de un ser querido y su insistente resistencia a perderla, hace que Conor sienta a través de sus sueños alivio cuando deja ir a su madre, pero a su vez, una culpa irremediable que esconde a través de los conflictos que tiene durante el resto de la película.

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Cartel promocional. Universal Pictures.

La mala relación con su abuela, el bullying en clase…estos elementos desgranan a través de las historias pequeños alivios que dejan al protagonista el camino allanado para enfrentarse a la verdad más dolorosa: por más que quiere a su madre, el proceso de la enfermedad le agota y quiere dejarla ir, está cansado de tanto dolor.

Así pues la primera historia nos enseña que ni los malos son tan malos ni los buenos son tan buenos, dando lugar a una enseñanza que no sólo será esencial para O’Malley, teniendo en cuenta al espectador.

La siguiente historia, nos expone la importancia de los principios y cómo éstos pueden ser fundamentales para algunas personas o variables según la ocasión, para otras.

Por último, la tercera y última historia del monstruo  trata sobre un chico invisible que se cansa de ser invisible, desgranando sutilmente la carga que supone pasar desapercibido, especialmente cuando cargas con un problema emocional del calibre del de Conor.

Tras todas las historias, llega el momento dónde nuestro protagonista debe contar la verdad, ya mencionada anteriormente con todo lo que ello implica, cerrando con la pérdida de su madre, la dura y real historia.

Un monstruo viene a verme es una herramienta audiovisual que nos ayuda a tratar el tema de la pérdida y el duelo, además de la carga emocional, el desgaste tratándose de una enfermedad terminal así como la comunicación con niños y jóvenes en este aspecto, entre muchos otros temas.

#Trabajo Social Sanitario: Aceptación del diagnóstico

Empiezo este 2017 con ganas de retomar algo que quisiera no tener que dejar, aunque como muchos sabréis el tiempo en ocasiones nos juega en contra. Abrimos el año con una entrada que significa mucho para mí a nivel personal y que espero que fomente el valor del trabajo social sanitario, algo esencial a día de hoy en el cuidado de las personas y su salud.

Hoy hablaremos del papel del trabajador social a nivel sanitario y especialmente, sobre la relación con el paciente en una intervención clave: la aceptación del diagnóstico.

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Alicia hace unos meses que tiene síntomas de alguna enfermedad. No le ha dado la mayor importancia debido al ritmo de vida que lleva (el trabajo, la casa, los niños…), pero empieza a estar preocupada y acude al médico. 

Tras unos meses de pruebas, el médico detecta una compleja enfermedad en Alicia. Algo que no será pasajero, algo que le acompañará toda la vida, algo crónico. Y tras el diagnóstico y algunas pautas básicas, el doctor le da cita para varias pruebas más. Una de las citas, le comenta que será con enfermería dónde le explicarán extensamente qué implica ese diagnóstico.

Dentro de 15 días…

En cuando llega a casa, Alicia busca el diagnóstico en internet y se empapa de miles de opinones, artículos, comentarios así como posibles tratamientos. Y siente una ola de confusión. El asunto le abruma de tal manera que decide obviarlo, aunque como frecuentemente ocurre, las emociones le sobrevienen cuando menos se lo espera. Se siente sola y confusa, la enfermedad sigue y no sabe con quién consultar aquello que le ocurre. Cuando asiste de nuevo a su centro de salud, le comentan que no hay más citas, que debe esperar al día que le toca y con la frustración que ello implica se va a casa de nuevo.

Sus padres llegan a casa y le preguntan cómo ha ido el médico. Alicia no sabe bien explicar su diagnóstico y lo decora con aquello que ha recopilado en internet. Sus padres quedan todavía más confusos y llenan a Alicia de preguntas y sólo le hacen sentirse peor y todavía más sola, puesto que no encuentra fuentes fiables de información para entender qué le está pasando.

Y por fin llega el día esperado con la enfermera: le explica el diagnóstico, las dudas que le vienen en el momento, le da un número de contacto, un email y mucha información que aunque apacigua sus dudas, la introduce en una vorágine de emociones difíciles de gestionar y que a su familia desborda porque no saben realmente reaccionar.

Este momento, suele ocurrir en numerosas ocasiones ante la detección y exposición de algunos diagnósticos para un paciente. Aunque hay cierta idea de lo que implicará para la persona a nivel fisiológico y las dudas que puede presentar este nuevo panorama de vida para el usuario, no se plantea ningún plan a nivel social o emocional.

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Ahí entra el trabajador social. El acompañamiento durante la adaptación a esta nueva realidad, las emociones que emergen y la aceptación de la enfermedad son esenciales. Y aunque hay una mayor integración de este papel a nivel de diagnóstico de salud mental o algunas enfermedades específicas, no se trata de algo generalizado a enfermedades crónicas o de un impacto importante en las vidas de las personas.

El trabajador social se encarga de los factores psicosociales que afectan a los pacientes. De este modo, es necesario integrar el acompañamiento en este tipo de situaciones ya que el proceso emocional puede derivar en un empeoramiento de la enfermedad o un abandono de la medicación. Es decir, los trabajadores sociales inciden principalmente en la adaptación del paciente a lo que significa tener una enfermedad y cómo cambiará su vida a partir de ese diagnóstico. Tanto a nivel médico como a nivel personal.

Los límites que le implantará la enfermedad, los cambios que deberá integrar, información sobre las asociaciones o grupos de apoyo pertinentes, cómo comunicar la enfermedad a sus familiares o conocidos, apoyo en la búsqueda de estrategias para adaptar su entorno a su nueva forma de vida y especialmente, la gestión de los sentimientos y emociones que evocan la nueva situación.

Estos elementos pasan frecuentemente por alto y empeoran la situación de los pacientes, influyendo en una disminución de la adherencia terapéutica, cosa que empeora la situación médica de los pacientes y los desvincula de las instituciones sanitarias impidiendo, además, el seguimiento de la persona.

Consecuentemente, entendemos esencial el papel del trabajador social sanitario en el equipo multidisciplinar que interviene con pacientes de diagnósticos de enfermedades crónicas o degenerativas para la mejora de su calidad de vida, especialmente en la etapa de la aceptación del diagnóstico y su adaptación a la nueva realidad.

#El defensor del pueblo

Hoy vamos a hablar de un recurso que escuchamos y leemos continuamente en los medios de comunicación pero rara vez conocemos en profundidad de qué figura se trata y para qué sirve.

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¿QUÉ ES EL DEFENSOR DEL PUEBLO?

Se trata de una figura que defiende en las Cortes Generales los derechos y libertades de los ciudadanos, supervisando la actividad de las administraciones públicas. Es decir, se asegura de que las instituciones de carácter público respetan los derechos y libertades de sus ciudadanos.

¿CUALES SON SUS FUNCIONES?

La defensa de los derechos y libertades de los ciudadanos, la investigación de casos concretos, la supervisión de la actividad de la administación pública, las visitas preventivas (especialmente a las prisiones), entre muchas otras.

En definitiva, se trata de un ente que trata de convencer a la Administración pública de tomar las medidas oportunas para corregir situaciones problemáticas o errores, de modo que no tiene un poder ejecutivo per se, pero sí una fuerte influencia, ya que según sus estadísticas más del 75% de las resoluciones propuestas por el Defensor del Pueblo son aceptadas por la Administración.

¿QUIÉN Y CUÁNDO SE PUEDE UTILIZAR ESTE RECURSO?

Cualquier ciudadano puede acudir al Defensor del Pueblo y solicitar su intervención, que es gratuita, para que investigue cualquier actuación de la Administración pública o sus agentes, presuntamente irregular. También puede intervenir de oficio en casos que lleguen a su conocimiento aunque no se haya presentado queja sobre ellos (por ejemplo, a través de los medios de comunicación debido a un caso que cree una alta alarma social).

Por ejemplo, podrían ser casos susceptibles de necesitar la presencia del defensor del pueblo:  un impago de la prestación por cuidador no profesional que superase el periodo de carencia de dos años o una denegación injusta debido a un error de valoración por la administración pública.

REQUISITOS INDISPENSABLES

  • Intervención necesaria de la administración pública (puesto que son estas actuaciones las que investigan).
  • Para presentar una queja, debe haber transcurrido menos de un año desde que ocurrió el hecho.
  • En caso de presentarla sin especificidades entorno a la queja (anónimas, sin motivos concretos de queja, mala fe o que creen perjuicios legítimos a derechos de tercerceros), será desestimadas.
  • Si el conflicto está en manos de tribunales o en caso de disconformidad con una resolución judicial no será posible el uso de la figura del Defensor del Pueblo, ya que su área de actuación es limitada. Para éste último caso sería necesario presentar un recurso judicial.

¿CUAL ES EL PROCEDIMIENTO?

El defensor del pueblo, ya fuese a través de una queja presentada por los/las ciudadanos/as (de forma gratuita) o por iniciativa propia, incia una investigación entorno a la situación que la requiera.

Las quejas se pueden presentar de manera individual o colectiva, cuando los ciudadanos consideren que la actuación de una administración (central, autonómica o local) o empresa o servicio público, ha vulnerado sus derechos.

Una vez presentada, el defensor del pueblo siempre responde a las quejas, ya fuese exponiendo sus actuaciones en relación a la solicitud o la omisión de las mismas y sus respectivos porqués.

¿CÓMO PUEDO PONER UNA QUEJA?

 

En definitiva, se trata de un recurso público muy útil que en contadas ocasiones conocemos lo suficiente para usarlo. ¡Espero que os sirva y nos vemos en la próxima entrada! 🙂

#Ciudadanos del mundo

 

Aunque se trata de un anuncio, el video de Momondo es una gran herramienta educativa contra el racismo. En él explican a personas que muestran racismo -a través de desagrado o odio hacia personas que pertenecen a un país u otro- que todos formamos parte del mundo, con pequeñas piezas de cada parte para conjugar finalmente, en quiénes somos.

#Empatía: Un arma de doble filo

Usualmente, decimos que la empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, siendo esta afirmación expuesta generalmente como algo sumamente positivo. De hecho, apreciamos como bueno que los demás entiendan como nos sentimos, ya que así las personas adaptan su conducta a través de su comprensión.

  • Miguel: Menudo día he tenido hoy en el curro…
  • Nerea: ¿Qué ha pasado? – le mira con preocupación-.
  • Miguel: He tenido que descargar solo el camión porque Luís se ha caído y se ha hecho un esguince, así que me ha tocado hacerlo solo. Y eso, mientras atendía la tienda… Además los clientes hoy estaban muy quisquillosos…La reponedora parecía que estaba en babia…Bfff…Tengo un dolor de espalda…
  • Nerea: Vaya, sí parece duro…¿Qué te parece si hoy hago yo la cena y descansas un poco? Te vendrá bien…

Cómo podemos ver en esta conversación, Nerea ha empatizado con la situación de Miguel y ha intentado mejorar su día de algún modo (en este caso, haciendo la cena). Esta situación cotidiana nos ayuda a entender ésta dimensión de la empatía, aunque hay muchas otras situaciones a través de las cuales se nos ofrece un escenario de vida para entender una situacion y los sentimientos que se le adhieren.

La empatía en este caso nos permite ver perspectivas que desde nuestra forma de vivir no podemos apreciar así como ayudándonos a mejorar nuestras intervenciones, ya sean profesionales o no.

Otro ejemplo podría ser cuando alguien cercano nos cuenta la pérdida de un familiar. Usamos la empatía para intentar consolar a esa persona o apoyarla de la mejor forma posible. Ponernos en situación nos ayuda a adaptar nuestra reacción, nuestra actitud y entender a la otra persona.

Pero la empatía también puede ser un problema. Aunque se trata de una herramienta social útil para atender mejor a los demás, puede utilizarse de forma perniciosa.

Hace unas semanas empecé a ver una serie que me habían recomendado encarecidamente: “Orange is the new Black”. En ella se tratan con naturalidad temas como las prisiones, la transexualidad, el lesbianismo, le racismo, el machismo y muchos otras de una forma brillante. Pero no es por ese motivo por el que hablaremos hoy de ella.

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Fuente: entretenimiento.terra.es

La serie narra la vida de Piper Chapman (Taylor Schilling), una jóven que se relacióno con el tráfico de drogas y que termina siendo encarcelada, como consecuencia de la relación que mantuvo con Alex Vause, una camello y su pareja en aquel momento. Su desarrollo se basa prácticamente en Litchfield, la cárcel en la que ingresa y en la cual creará su dinámica social.

En esta entrada, me gustaría concentrarme en un personaje en concreto para explicar el doble filo de la empatía: Yvonne Parker, más conocida como Vee.

(CONTIENE SPOILERS)

Vee aparece en la segunda temporada como una traficante de drogas que adopta niños (eventualmente trataremos el tema de las adopciones en el blog, ¡dadlo por hecho!) y los hace trabajar para ella. Finalmente, termina en la cárcel dónde utiliza la empatía como arma para conseguir lo que quiere.

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Fuente: Wikiorangeisthenewblack.com

En diferentes ocasiones, podemos ver a este personaje utilizar con los sentimientos de una de las chicas a las que adoptó que también está en la cárcel junto a ella (Taystee). Cuando quiere que ésta se una red de contrabando de drogas dentro de la cárcel, utiliza argumentos como todo lo que ha hecho por ella, que ella la cuidó y la cuidará, así como que es su madre. Este tipo de argumentos funcionan con Taystee por el contexto social y la historia propia del personaje, teniendo en cuenta que no tuvo madre que la criase.

Otro de los momentos estelares de Vee y su manipulación a través de la empatía es con Gloria, la cocinera, dónde intenta convencerla de lo duro que es ser líder de un grupo en la cárcel para conseguir lo que realmente quiere, haciéndole creer a Gloria que ella es quién realmente tiene el poder. Todo a través de la empatía.

Del mismo modo, cuando Vee quiere separar a Taystee de su mejor amiga en la cárcel (Poussey) utiliza la psicología así como la empatía para deshacersde de Poussey a través de la misma Taystee. Ve le hace creer que Poussey la aparta de quién es su madre y cuida siempre de ella incluso dentro de la cárcel (Vee), destruyéndole la única relación de amor verdadero que tiene.

Incluso con Red, es capaz de librarse de la muerte con la empatía utilizando la esperanza de Red de tenerla como amiga (como al principio) para más tarde, cuando ésta baja sus defensas…atacarla. 

En este sentido y como podemos ver, la empatía es una herramienta social más como cualquier otra; dependerá del uso que le demos el resultado que nos dará. Y es que en muchas ocasiones, la empatía se utiliza para sacar beneficio de las situaciones como por ejemplo en las estafas, en las cuales a través de los sentimientos y el buen conocimiento ellos los estafadores son capaces de engañarnos. O en situaciones de violencia de género, intentando manipular psicológicamente a la víctima.

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Fuente: Pixabay.com

En definitiva, entendemos que no sólo es necesario adquirir una habilidad empática para el crecimiento personal con las virtudes que ello implica (mayor perspectiva, sensibilidad, atención o adaptabilidad a situaciones ajenas), si no que también hay que saber detectar en qué momentos la empatía no es funcional para nosotros ni para los demás, atrapándonos de algún modo en lo que los demás sienten o quieren que sintamos.

#La importancia de la responsabilidad

En una sociedad hay dos valores esenciales: el derecho y la responsabilidad. A través de la vinculación de ambos se crea el marco de normas para la convivencia social. En nuestro país esto se traduce en La Constitución Española del 1978 que recoge todas aquellas conductas cívicas y las consecuencias de las mismas de aquellas que no lo son, penalizándolas.

Este orden se establece gracias al enaltecimiento de uno de esos valores esenciales: la responsabilidad. ¿Pero…qué es exactamente la responsabilidad?

Según la Real Academia Española:

Responsabilidad

1. f. Cualidad de responsable.

2. f. Deuda, obligación de reparar y satisfacer, por sí o por otra persona, a consecuencia de un delito, de una culpa o de otra causa legal.

3. f. Cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado.

4. f. Der. Capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente.

Nos quedaremos, puesto que expone mejor al tipo de definición que buscamos, con la cuarta acepción que la define como la capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente.

¿Y por qué es importante este valor?

Cuando considero que soy responsable de un acto, asumo directamente una premisa: tengo poder, agencia y en definitiva, autodeterminación. Bajo este supuesto, asumo que soy una persona libre con un criterio propio. Me doy valor, me reconozco el poder que tengo y a su vez, me doy derechos.

Tengo derecho a decidir qué quiero comer. Pero debo asumir las consecuencias de consumir este vaso de leche caducada; de este modo, si me pongo enferma, es mi responsabilidad porque yo decidí beberla y yo asumo las consecuencias, sufriendo la enfermedad. Pero pude elegir.

Si lo analizamos en profundidad, podemos advertir que las responsabilidades no sólo implican la asunción la propia libertad. Además, incentivamos nuestra autoestima. ¿Por qué?

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Fuente: Pixabay.com

Somos capaces. Nos vemos capaces de decidir. Nos creemos capaces. Y eso implica que en la visión sobre nuestro yo añadimos poder, confianza y autoestima.

Tengo derecho a decidir qué quiero comer porque soy capaz de asumir las consecuencias. Además, confío en mi propio criterio a la hora de tomar decisiones. Confío en mí misma.

En definitiva, la responsabilidad mejora la valoración que tenemos sobre nosotros mismos y también nuestra conducta. Además, nos aporta libertad y nos empodera, capacitándonos para ser quienes queremos ser. Por este motivo, cabe fomentar el valor de la responsabilidad, ya que, siendo responsables, somos más nosotros mismos.

#Instalarse en la queja

Miles de personas utilizan las redes sociales a diario. No es extraño coger el smartphone a primera hora de la mañana para revisar los movimientos de nuestros amigosfollowers al despertarnos y ver, a través de las interacciones, diferentes noticias que suceden en el mundo.

Entonces, quizá por curiosidad al leer una noticia nos interesamos por ver los comentarios. ¿Qué pensará la gente de esto…?

Es frecuente que al ahondar en este espacio, encontremos múltiples quejas, quejas y más quejas. Poco importa de qué vaya la noticia, quién sea el autor o el periódico: siempre hay quejas. Hay personas que parece que sólo saben sacarle la punta negativa a cualquier cosa.

Las personas en general al actuar, despertamos odios y pasiones. Y a través de la libertad de expresión, entendemos que haya quejas debido a nuestras actuaciones. Pero no sólo puede haber quejas.

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¿Por qué?

La queja no nos permite avanzar, debido a que nos ancla en la constante perspectiva negativa de toda situación y los constantes obstáculos ante los que nos encontramos en el camino. Los señalamos, pero no conseguimos aportar soluciones para seguir; nos quedamos en el proceso de análisis, estancados, sólo señalando qué es lo que no funciona pero sin aportar propuesta de cambio.

Esta situación comporta dificultades, no sólo en el área individual, si no el trabajo en equipo también. Esta actitud en un miembro de un equipo, aporta sobre todo frustración, desesperación y desmotivación. Pongamos un ejemplo:

  • Sara: Pero es que a mí ese restaurante no me gusta, tienen una comida muy mala.
  • Antón: Bueno, vayamos entonces a los Hermanos Pollos, allí la comida está bien y el dueño es muy simpático.
  • Sara: Pero el sitio siempre está llenísimo, tendremos que hacer mucha cola…
  • Marga: Entonces…¿qué tal si vamos a comer sushi a este sitio tan grande cerca de la carretera? Hay buena comida, buen ambiente y no habrá mucha gente siendo el día que es hoy.
  • Sara: Ya, el problema es que no habrá sitio para aparcar y la mayoría iremos en coche.
  • Andreu: ¿Qué os parece si vamos al sitio este casero, al pueblo de al lado? Seguro que por allí habrá mucho sitio.
  • Sara: Vamos a tardar dos siglos en comer si tenemos que ir a ese sitio…son lentísimos sirviendo, no vale la pena.

Como podemos ver en esta conversación, es desesperante la constante negativa. Y  no sólo eso, si no que la queja reduce cualquier opción a los defectos señalados, sin aportar nada positivo, sin hacer ninguna propuesta.

Esto nos lleva a dos puntos negativos: Por un lado, la desesperación así como la desmotivación por la relentización del proceso y por otro, la frustración de no realizar la actividad que a priori se iba a hacer.

El grupo de Sara puede terminar esa conversación de tres formas:

Antón, Marga y Andreu deciden ir por su cuenta, dejando de lado a Sara. Todos acaban rindiéndose a la desmotivación y se marchan a sus casas al no encontrar una opción viable. O finalmente, Sara cede y deja la actitud instalada en la queja.

Podemos advertir, entonces, que la actitud de Sara se concibe como un peso muerto en una carrera de fondo, en la que lo que más cuenta es la resistencia en lugar de la meta. Por ese motivo, lo realmente importante en la situación es dejar la posición de queja y pasar a la propuesta. Pero este proceso puede ser complejo, ya que no es lo mismo analizar situaciones que proponer intervenciones, debido a que en el segundo caso la posición nos expone a un rechazo. La queja en cambio, nos da seguridad pero no nos permite avanzar.

En este sentido, es necesario dejar a un lado éste tipo de actitud para poder encauzarnos hacia el camino de las propuestas, hacia las áreas trabajables y sobretodo hacia el avance; pues nuestro destino depende, sobre todo, de nosotros mismos y debemos ser quiénes apartemos las piedras de nuestro camino. O como en una carrera de fondo, instalándonos en la queja, nos quedaremos como pesos muertos en el camino, atorados en los obstáculos…y sin llegar a nuestras metas.