#Proyectos sociales: Uttopy

Hace tiempo que no os hablo de proyectos sociales, así que empezamos este mes de abril con moda y colaboración con Uttopy.

Uttopy

Uttopy es una tienda de camisetas que dona el 15% de cada una de sus ventas a una ONG concreta además de dar visibilidad a causas sociales a través del diseño de producto. De este modo, cada una de las colecciones que ofrecen está inspirada en una causa concreta y apoya a una ONG trabajando directamente la visibilidad así como la recaudación de fondos.

No sólo ofrecen camisetas, también muchos otros productos como tote bags, mochilas ecológicas, etc. porque la sostenibilidad también forma parte de sus valores fundamentales, de modo que las camisetas son fabricadas con algodón orgánico y poliéster reciclado, minimizando así el impacto medioambiental. También estampan artesanalmente, con serigrafía, utilizando aguas libres de solventes, PVC, fatalatos y parabenos.

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Uno de sus productos, podéis encontrar más en su tienda

Las causas a las que apoyan van desde el cuidado de niños prematuros, pasando por la investigación contra la leucemia, la protección de la biodiversidad o contra el hambre. Hay múltiples causas e incluso camisetas que apoyan a cuatro causas simultáneamente. Cada camiseta ofrece un lema y adjunta la información a la ONG que apoya de modo que no sólo ofrece visibilidad a través de la camiseta y fomenta ciertos valores, sino que también visibiliza organizaciones que muchas veces nos pasan desapercibidas.

¿Cómo realizan las donaciones?

Periódicamente realizan una donación del 15% de cada prenda a las ONG con las que colaboran, aunque ocasionalmente se aumenta por acciones especiales. En este sentido, durante los primeros 13 meses han llegado a donar más de 2.500€ a 10 ONGs diferentes.

Su filosofía es creer en la utopía y poner su grano de arena para hacerla realidad; adoptar una actitud diferente ante las cosas comunes y utilizar ropa que más allá de llenar nuestro armario, también llene el alma.

¿Conocías algún proyecto similar? 🙂

 

#Trabajo Social Sanitario: Aceptación del diagnóstico

Empiezo este 2017 con ganas de retomar algo que quisiera no tener que dejar, aunque como muchos sabréis el tiempo en ocasiones nos juega en contra. Abrimos el año con una entrada que significa mucho para mí a nivel personal y que espero que fomente el valor del trabajo social sanitario, algo esencial a día de hoy en el cuidado de las personas y su salud.

Hoy hablaremos del papel del trabajador social a nivel sanitario y especialmente, sobre la relación con el paciente en una intervención clave: la aceptación del diagnóstico.

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Alicia hace unos meses que tiene síntomas de alguna enfermedad. No le ha dado la mayor importancia debido al ritmo de vida que lleva (el trabajo, la casa, los niños…), pero empieza a estar preocupada y acude al médico. 

Tras unos meses de pruebas, el médico detecta una compleja enfermedad en Alicia. Algo que no será pasajero, algo que le acompañará toda la vida, algo crónico. Y tras el diagnóstico y algunas pautas básicas, el doctor le da cita para varias pruebas más. Una de las citas, le comenta que será con enfermería dónde le explicarán extensamente qué implica ese diagnóstico.

Dentro de 15 días…

En cuando llega a casa, Alicia busca el diagnóstico en internet y se empapa de miles de opinones, artículos, comentarios así como posibles tratamientos. Y siente una ola de confusión. El asunto le abruma de tal manera que decide obviarlo, aunque como frecuentemente ocurre, las emociones le sobrevienen cuando menos se lo espera. Se siente sola y confusa, la enfermedad sigue y no sabe con quién consultar aquello que le ocurre. Cuando asiste de nuevo a su centro de salud, le comentan que no hay más citas, que debe esperar al día que le toca y con la frustración que ello implica se va a casa de nuevo.

Sus padres llegan a casa y le preguntan cómo ha ido el médico. Alicia no sabe bien explicar su diagnóstico y lo decora con aquello que ha recopilado en internet. Sus padres quedan todavía más confusos y llenan a Alicia de preguntas y sólo le hacen sentirse peor y todavía más sola, puesto que no encuentra fuentes fiables de información para entender qué le está pasando.

Y por fin llega el día esperado con la enfermera: le explica el diagnóstico, las dudas que le vienen en el momento, le da un número de contacto, un email y mucha información que aunque apacigua sus dudas, la introduce en una vorágine de emociones difíciles de gestionar y que a su familia desborda porque no saben realmente reaccionar.

Este momento, suele ocurrir en numerosas ocasiones ante la detección y exposición de algunos diagnósticos para un paciente. Aunque hay cierta idea de lo que implicará para la persona a nivel fisiológico y las dudas que puede presentar este nuevo panorama de vida para el usuario, no se plantea ningún plan a nivel social o emocional.

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Ahí entra el trabajador social. El acompañamiento durante la adaptación a esta nueva realidad, las emociones que emergen y la aceptación de la enfermedad son esenciales. Y aunque hay una mayor integración de este papel a nivel de diagnóstico de salud mental o algunas enfermedades específicas, no se trata de algo generalizado a enfermedades crónicas o de un impacto importante en las vidas de las personas.

El trabajador social se encarga de los factores psicosociales que afectan a los pacientes. De este modo, es necesario integrar el acompañamiento en este tipo de situaciones ya que el proceso emocional puede derivar en un empeoramiento de la enfermedad o un abandono de la medicación. Es decir, los trabajadores sociales inciden principalmente en la adaptación del paciente a lo que significa tener una enfermedad y cómo cambiará su vida a partir de ese diagnóstico. Tanto a nivel médico como a nivel personal.

Los límites que le implantará la enfermedad, los cambios que deberá integrar, información sobre las asociaciones o grupos de apoyo pertinentes, cómo comunicar la enfermedad a sus familiares o conocidos, apoyo en la búsqueda de estrategias para adaptar su entorno a su nueva forma de vida y especialmente, la gestión de los sentimientos y emociones que evocan la nueva situación.

Estos elementos pasan frecuentemente por alto y empeoran la situación de los pacientes, influyendo en una disminución de la adherencia terapéutica, cosa que empeora la situación médica de los pacientes y los desvincula de las instituciones sanitarias impidiendo, además, el seguimiento de la persona.

Consecuentemente, entendemos esencial el papel del trabajador social sanitario en el equipo multidisciplinar que interviene con pacientes de diagnósticos de enfermedades crónicas o degenerativas para la mejora de su calidad de vida, especialmente en la etapa de la aceptación del diagnóstico y su adaptación a la nueva realidad.

#Grupos de apoyo

Un grupo de apoyo está formado por personas que han experimentado a lo largo de sus vidas una situación común. Quizá una pérdida, una adicción o ser cuidadores de una persona dependiente.

Estoy segura de que todos conocéis los grupos de alcohólicos anónimos. Pero hay muchos otros, por muchos otros motivos.

Es decir, en los grupos generalmente hay algún tipo de vinculación a una situación que une a aquellos que lo componen. Su objetivo es intercambiar y compartir recursos con el fin de mejorar su situación, ya sea de un modo emocional o en cuanto a recursos.

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Fuente: Pixabay.com

El funcionamiento se basa en una reunión periódica en un espacio óptimo, con la finalidad de dar apoyo a los demás, facilitar la empatia entre personas que tienen situaciones similares, mejorar la propia autoestima y ganar confianza en el proceso de mejora que se quiere adquirir.

Los beneficios de pertenecer a un grupo de apoyo son numerosos, entre ellos, el alivio emocional, el aprendizaje de la normalización de procesos y sintomatologías varias, así como un espacio de confianza sin barreras, con respeto y con identificación con los demás.

Por ejemplo, en un grupo de duelo, se aprenden cosas como la temporalidad del duelo, la actitud activa, las etapas y tareas o la responsabilidad sobre la propia recuperación.

Aunque hay muchos otros tipos, con otros modelos de aprendizaje y fomento de habilidades. Además, sus organizaciones pueden ser muy diferentes dependiendo del tipo de grupo. Los grupos de ayuda mutua (GAM), por ejemplo, están formados por iguales, exceptuando un miembro que tiene más experiencia y actúa de facilitador. Es decir, no hay un profesional que guía las sesiones.

En cambio, en los grupos de apoyo generalmente encontramos un profesional, que podría ser un psicólogo, un trabajador social, un enfermero, un educador, un sanitario o incluso un terapeuta que guía las sesiones.

Actualmente, podemos encontrar muchos tipos de grupos de ayuda, ya que son enormemente recomendables.

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¿Y vosotros y vosotras…habéis participado alguna vez en uno? ¿Qué os ha parecido?