#Experimentos de psicología social: Milgram y la autoridad

Uno de los elementos que más disfruté durante mi formación fue la asignatura de psicología social. En ella, durante algunas de las lecciones comentábamos experimentos sociales que habían desarrollado algunos psicólogos con el afán de investigar el comportamiento humano.

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Entre ellos se encontraban los experimentos de Stanley Milgran, un psicólogo en la Universidad de Yale que decidió realizar un estudio entorno a la obediencia y la autoridad intentando medir qué punto somos capaces de obedecer las órdenes de alguien o algo que consideramos autoridad aun entrando en conflicto con nuestra conciencia personal, o dicho de otro modo, hasta dónde dejamos que nos invada el sentimiento de cumplir con la autoridad aunque ésto choque con nuestros valores o principios.

Cabe contextualizar la época de los experimentos ya que se realizaron pocos meses después dalgunos juicios por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi, cosa que llevó al psicólogo a probar cuánto dolor inflingiría una persona a otra sólo porque se lo piden en un experimento científico.

El experimento

Y así lo hizo. Milgram, buscó 40 voluntarios a los que pagarían para un experimento sobre la “memoria y el aprendizaje”. Para el experimento, creó un generador de descargas eléctricas con diferentes interruptores que incrementaban la descarga de 15 en 15 voltios, siendo el más bajo 15 y el más alto 450 voltios. Añadió además etiquetas que informaban del tipo de descarga: moderada, fuerte e incluso “Peligro: Descarga Grave o XXX”.

Empezaron entonces los experimentos, no sin antes recordar a los participantes que se les pagaría independientemente de lo que pasara tras su llegada.

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En la sala dónde se desarrollaba el experimento se situaban 3 personas. En la posición E estaba la persona que hacía de “científico” y que dirigía el experimento.

Por otro lado, entre los voluntarios se les hacía creer que se les dividía al azar entre T (maestro) y L (aprendiz), aunque realmente los L (aprendices) eran actores; éstos eran atados para la prueba frente a los T (maestros-sujetos). Seguidamente, los sujetos principales (T), pasaban al mando de control del generador eléctrico y pasaban a desarrollar el experimento recitando una serie de elementos que los L (aprendices) tenían que recordar. En caso de fallo, el sujeto daba una descarga eléctrica incrementándose en 15 voltios a cada error.

Los resultados

Aunque los actores jamás recibieron descarga alguna, muchos de los participantes llegaron a dar descargas de más de 300 voltios.

Muchos de los maestros miraban al científico de referencia cuando sentían alarma por los gritos del actor en cuestión, pero éste respondía con frases como: “Continúe por favor”, “Es esencial para el experimento que siga” e incluso algunos preguntaban por la responsabilidad de aquellas acciones a lo que el científico respondía “Yo soy responsable” y esto tranquilizaba a los participantes.
Aunque la mayoría de los sujetos del experimento sintieron incomodidad y tensión durante el mismo, todos obedecieron hasta los 300 voltios y 25 de ellos llegaron a los 450 voltios. Tres de ellos tuvieron ataques durante el experimento.
Como conclusión, Milgram destacó que las personas obedecemos ante la autoridad, en ocasiones obviando nuestra responsabilidad y dejando a un lado nuestra conciencia.
Del mismo modo, cuanta más distancia hay con la víctima (en todos los sentidos), más obedientes somos y la misma situación pasa con la autoridad, cuanta mayor proximidad, mayor obediencia.
Yo, tras el conocimiento de este experimento social me cuestioné mil situaciones pero especialmente la principal fue: ¿Realmente hasta qué punto sé quién soy?
¿Y vosotras y vosotros, qué os ha removido?

 

 

 

 

 

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#El peso de las expectativas sociales

Pesan. Las expectativas sociales pesan sobre nosotros como una armadura de hierro que no podemos quitarnos de encima, cegándonos aunque muchas veces no seamos conscientes.

Espectativas sociales (1)

Frecuentemente nos descubrimos impregnados de inseguridades sobre aquello que los demás esperan de nosotros, frenando nuestros deseos y limitándonos enormemente.

El caso de Susana seguro, os suena familiar.

Susana estudió medicina, una de esas carreras que se consideran difíciles y prestigiosas como las que más pero después del primer año, tras sufrir mucho durante el proceso, descubrió que aquello no era para ella.

Hacía meses que lo sabía, que se esforzaba en vano aprobando a duras penas pero sin disfrutar ni un ápice de aquello en lo que estaba invirtiendo su valor más preciado: el tiempo.

Cada vez que se replanteaba qué camino debía escoger para poder disfrutar de cada paso los miedos la inundaban.

Si dejaba aquel medicina, sus padres pensarían que era un fracaso, que no había podido con su sueño y tiraba la toalla, además de por supuesto haber tirado el dinero. Sus compañeros de clase pensarían que no había podido con ello, que no era suficiente, que ella no era capaz. Sus amigos pensarían que era perezosa, que no se esforzaba, que era una triste. Y finalmente, recibiría el juicio social de haber fracasado en su decisión, sería una fracasada.

Eso frenó durante meses a Susana, haciéndola infeliz y retrasándola en la construcción de lo que realmente quería: otro camino.

Y si os fijáis todo se centraba en lo que los demás pensarían y no en lo que ella misma sentía. Así que un día cualquiera, decidió hablar con el fin de encontrar una solución, así que acudió a Lucía, su mejor amiga.

  • No sé qué hacer, no puedo imaginarme cómo se lo tomarán mis padres…Ya sabes cómo son.
  • ¿Y por qué no hablas con ellos? Seguir con la misma situación no te lleva a ninguna parte.
  • Ya…
  • Yo sólo sé que a veces no sabes lo que quieres y lo que sientes hasta que te metes de lleno. Y todos, absolutamente todos, nos equivocamos. ¿No?
  • Sí, eso lo sé, pero…
  • Pero no les has dado si quiera la oportunidad de saber que no estás a gusto con lo que haces. Quizá reaccionan diferente a lo que tú esperas.

Y Lucía dio en el clavo. Ella misma no le había dado la oportunidad a sus padres, a sus amigos, conocidos y a la sociedad de reentenderla, de adaptar aquellas expectativas y simplemente las sostenía, como aceptándolas.

Porque muchas veces aceptamos las situaciones como vienen aunque sean negativas para nosotros mismos tras haber integrado tanto esas expectativas sociales en nosotros  mismos haciéndonos incapaces de rebelarnos a ellas y luchar por aquello que queremos.

Porque aunque suene tópico, el cambio está en ti. Y si algo no te gusta, tú debes ser el primero que luche para que eso no siga siendo así.

Espectativas sociales

Y no. Estoy segura de que no es la primera vez que leéis esto y quizá este es uno de esos escritos más sobre motivación y dónde encontrar las fuerzas para superar esas barreras que nos encontramos a diario, pero ojalá me encuentres justo cuando te hayas olvidado de este hecho que muchas veces guardamos en la parte trasera de nuestra conciencia.

¡Abrimos este 2018, sobretodo, con fuerza!

🙂

 

#Proyectos sociales: ¡No puedo esperar!

Esta semana hablaremos sobre el proyecto ¡No puedo esperar! y la visibilización de las EII.

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¿Qué es una EII? 

EII son las siglas que designan la enfermedad inflamatoria intestinal, un concepto que engloba varias enfermedades como la enfermedad de Crhon o la colitis ulcerosa. Éstas se caracterizan por una inflamación crónica del intestino creando malestar y complicaciones en la salud de los afectados.

Para los pacientes de EII el acceso directo a un lavabo les es sumamente necesario debido a su situación médica: pacientes ostimazados, colectomizados, intervenidos de cáncer de recto u otras situaciones médicas que implican esta necesidad.

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En este sentido, el proyecto NO PUEDO ESPERAR promueve la visibilidad y normalización de las EII así como implica a los diferentes establecimientos, municipios y otras instituciones a ofrecer este acceso a los pacientes de EII.

Desde la ACCU Catalana (Asociación de enfermos de Chron y colitis ulcerosa) se trabaja a través de voluntarios la difusión, visibilización y formación en temas de EII así como la adherencia de los diferentes agentes al proyecto.

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¿Por qué es necesario un proyecto como este?

Por el tipo de enfermedad, muchos pacientes limitan enormemente su vida social debido a la inseguridad de tener cerca un baño en caso de necesitarlo, cosa que ocurre frecuentemente en según qué episodios de la enfermedad.

De este modo, el proyecto cumple con dos elementos básicos: por un lado, informa a la sociedad de la existencia de esta enfermedad, visibilizando a los pacientes así como normalizando la enfermedad y por otro, fomenta la integración, aceptación y seguridad de los pacientes sobre su situación a nivel médico y social, mejorando así estados de ansiedad innecesarios. Transversalmente, se trabaja la red de agentes sociales a nivel institucional, de identidades e incluso de comercios con la sociedad, contribuyendo al bienestar de los conciudadanos.

En definitiva, se trata de un gesto sencillo que aporta calidad de vida a los pacientes.

¿Conocíais el proyecto? ¿Queréis participar? Os dejo a continuación el link directo al proyecto para más información, ¡hasta la próxima! 🙂

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Link al proyecto

 

 

#Trabajo social y cine: Una historia casi divertida

De Anna Boden y Ryan Fleck, esta película nos cuenta la historia de Craig, un chaval con depresión que sueña habitualmente con suicidarse.

It's Take Your Dog to Work Day!

[CONTIENE SPOLIERS]

Esta situación le lleva a sentarse un domingo a las cinco de la mañana en la sala de espera de urgencias para que le den una solución rápida a cómo se siente, aunque le insisten en que no existe tal cosa. La decisión del profesional finalmente es ingresarle en el ala de salud mental a fin de hacerle una valoración psicológica y aunque al principio Craig no se siente cómodo con esta opción, empieza a integrarse poco a poco.

A medida que el protagonista va expresando cómo se siente y qué situaciones le acontecen, el público puede intuir algunas de las motivaciones que le han llevado a sentirse tan ahogado siendo tan joven: la presión de las expectativas sociales.

En este sentido nos muestra un punto importante con los problemas de salud mental o cómo a veces nos es necesario un análisis externo de una situación para poder ver más allá. Describía mi madre con una frase esta situación “A veces el árbol no nos deja ver el bosque que hay tras él”.

Pero lo que realmente nos desgrana esta película es la normalización de los problemas de salud mental. El proceso de integración de nuestro protagonista se basa en descubrir que las personas ingresadas son personas con problemas, como él. Personas que en algún momento se han visto sobrepasadas por una situación y necesitan ayuda, en ocasiones sólo alguien que las escuche u otras que lo que necesitan es un refugio de una sociedad que no suele dar espacio a toda la diversidad de personalidades existente.

En este sentido, focaliza su atención en enfermedades como la ansiedad o la depresión y muestra diferentes tipos de expresarla o sentirla. Otro punto interesante que nos muestra ésta obra audiovisual es el espacio pero sobretodo el respeto ante el sentir de los demás. Por ejemplo, Emma Roberts, quién protagoniza el papel de una de las adolescentes internas en el ala de salud mental, no expone en ningún momento qué le acontece y lo que merece especial mención es que nuestro protagonista que parece interesado de forma romántica en ella, no le pregunta. Es más, menciona que cree que es ella quién, si lo desea, debería hablarle de ello; situación a la que no estamos acostumbrados debido a nuestra sociedad con una cultura de la sobreexposición y del cada vez más menguado respeto a la intimidad.

También, aunque a pinceladas, el film nos muestra algunas formas de expresar sentimientos más allá de lo verbal: arte-terapia. A veces el bloqueo que padecemos nos impide analizar o expresar cualquier atisbo de sentimiento siendo necesarias otras vías como por ejemplo la pintura, la música, el baile o el teatro entre otros. Son tipos de terapias que nos permiten ir más allá de los contextos a los que estamos acostumbrados y nos facilitan otros caminos para expresar cosas que con palabras a veces no somos capaces.

En definitiva, se trata de una película interesante pero tratada con la delicadeza y humor suficiente para entender sutilmente que un centro de salud mental no es tan diferente.

¡Nos vemos en la próxima entrada! 🙂

 

#Edadismos y microedadismos

Edadismo es la discriminación por edad, generalmente dirigida hacia la tercera edad. Son prejuicios, ideas preconcebidas que calan en las personas y forjan su modo de ver la realidad.

Happy Raksha Bandhan!

La OMS pone como ejemplo las actitudes negativas hacia los trabajadores más mayores en las empresas dónde se les ajuicia como menos saludables, educados, capacitados o productivos que los más jóvenes. Estos son juicios que han anidado en el imaginario colectivo, modificando la forma en la que analizamos la realidad, de modo que cuando vemos a una persona de ochenta años asumimos que es sabia, débil o tiene alguna enfermedad, sin necesariamente cumplir ninguno de estos patrones.

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Para hablar de edadismos, me gustaría referenciar a la revista QMAYOR, un proyecto que nació con el objetivo de divulgar información sobre el envejecimiento y su realidad. En ella, se creó un espacio para relatar, exponer, denunciar y visibilizar los microedadismos que a diario usamos en toda la sociedad normalizándolo y forjando todavía más esos prejuicios por edad.

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Podemos ver cómo a través de estas pequeñas frases que parece que carecen de impacto alguno, sí construimos una realidad dónde las personas mayores integran estas opiniones.

Y desafortunadamente, la discriminación por edad abarca a todas las franjas. ¿Habéis escuchado alguna vez la famosa frase “Eres muy joven para entenderlo”? Este tipo de prejuicios implican dificultades para los más jóvenes a la hora de acceder a un empleo, emanciparse o incluso que les tomen en serio ante alguna idea.

Para destacar un tema complejo y alarmante dónde se crea un edadismo para no afrontar una realidad es ante el bullying. No son pocos los casos que exponen que cuando denunciaron el acoso que sufrían en el colegio ante algún adulto, les espetaron “Sólo son cosas de niños”.

Por desgracia se trata de una discriminación que afecta a todas las áreas e incluso a nivel profesional, dónde en ocasiones no ponemos atención a vías que no son “profesionales”, “científicas” o “serias” sólo porque los usuarios que las utilizan son menores, jóvenes o mayores de 70 años.

Esto implica que discursos discriminatorios, promoción de la violencia y el mal uso de estas herramientas campe a sus anchas sin detectarlo ni intervenir porque no se escucha ni se intenta entender aquello que discriminamos porque no es serio.

Concluyo con esta reflexión. Quizá mañana escuchemos más y mejor a personas con edades más o menos avanzadas y no nos quedemos en el prejuicio. ¿Te apuntas?

🙂

 

 

#La pirámide de mi cabeza

Tras un descanso tan largo, quería volver con una entrada de esas que te invitan a reflexionar, a replantearte cosas en la vida. Porque en el fondo, son esas las más interesantes. Las palabras que saquean tu mente, que mueven tu pirámide de pensamientos y derrumban constantemente las ideas que se almacenan en ella.

¿Y diréis, por qué hablas de una pirámide, qué tiene que ver esto con las ideas?

Llamadme loca, pero desde hace mucho ilustro mi ideario con una pirámide. Siempre  he sido de las personas que tienen unas ideas más firmes al principio del pensamiento y otras más ligeras al final. Aunque tras esta reflexión, quizá todos somos un poco así.

DIBUJO ARTICULO PIRAMIDE RUTH

Para ilustrarlo mejor, empecemos por el final. En la punta de la pirámide se alojan aquellas ideas más superficiales, argumentos irrisorios que son fáciles de cambiar y no suponen prácticamente esfuerzo. Serían por ejemplo los prejuicios cuando conocemos a alguien por su apariencia.

  • Oye, pues al principio me parecías un tío soñador y fantasioso pero tienes los pies en la tierra y la cabeza muy bien amueblada.
  • Pues tú me parecías un tanto borde sabelotodo, con esa cara tan seria que tienes siempre y las gafas esas. Y tras conocerte, me has parecido un gran tío.
  • Con Joaquin no me ha pasado lo mismo, me parecía un chaval majo y llano, pero ahora que lo he conocido más, al contrario, me parece muy superficial.

Este tipo de ideas son fácilmente modificables y en general no suponen esfuerzo emocional o intelectual alguno.

A medida que avanzamos en nuestra pirámide, las ideas cada vez son más complejas y sostienen pensamientos más complejos que suponen una mayor carga mental, un mayor esfuerzo de cambio y sobretodo un intenso impacto emocional.

¿De qué tipo de ideas hablamos?

Pues podríamos empezar con ideas sobre cómo funciona la sociedad, cómo es la naturaleza humana, la relación o juicios sobre personas cercanas con las que se mantiene una conexión emocional y en definitiva, sistemas de ideas que configuran quiénes somos y cómo vemos el mundo.

Aunque esa definición se podría decir de cualquier idea, no tiene la misma complejidad ni impacto creer que mi vecina Francisca es una persona muy trabajadora y honesta que creer que mi vecina Francisca por ser asiática, es una persona muy trabajadora y honesta.

Ambas ideas hablan de Francisca y la describen, pero una lleva adherido un sistema de ideas que forjan mi forma de ver el mundo porque crean una norma. Es decir, el peldaño dónde se sitúa la primera idea está arriba de la pirámide, en cambio la segunda, está en la base puesto que no afecta sólo a mi vecina Francisca sino a toda aquella persona asiática que conozca. Y esto tiene un gran impacto, no sólo en mí sino en los demás.

Creo que habitualmente, se habla del impacto que generan las ideas básicas en los demás o en uno mismo… Pero en esta entrada me gustaría hablar del impacto en uno mismo cuando hay un cambio de ideas, especialmente en aquellas que se encuentran en la base de la pirámide.

Sonará exagerado pero un movimiento en la base de la pirámide es una auténtica revolución. Todas las ideas que sostiene sobre sí misma se tambalean y ocurre un cambio a varias escalas que reforma toda un área de visión y de percepción de la realidad.

La base de la pirámide suele cambiar constantemente durante la etapa de la adolescencia. Por ejemplo, el día que rompemos la idea de que los padres son superhéroes y nos damos cuenta de que son humanos con errores e imperfecciones. Esta realidad nos da de lleno y rompe por completo un sistema de ideas sostenido sobre ese bloque.

Nuestros padres son personas -> cometen errores -> no existe la perfección -> no hay seguridad absoluta -> independencia y autosuficiencia necesarias -> qué es el bien y qué es el mal -> si ellos no saben, cómo voy a saber yo…

Miles de dudas masacran aquella base de ideas que sostenía nuestra forma de ver el mundo y hacernos quiénes éramos. Esta situación implica un impacto reflexivo y emocional intenso que se nota generalmente en el estado de ánimo. Por este motivo, es una característica de los adolescentes el escepticismo, la rebelión, la tristeza y en general los sentimientos que derivan de un cuestionamiento constante de todo lo que les rodea.

Del mismo modo, cuando insertamos una idea nueva en esa pirámide de nuestro pensamiento, debe encajar entre los demás bloques e incluso puede romper, cambiar o reconstruir otros bloques durante su encaje o durante la construcción de la misma idea.

En definitiva, la pirámide de nuestra cabeza, de nuestro pensamiento, es sumamente compleja. Y con ello debemos ser conscientes de las implicaciones que tiene para alguien un cambio de ideario.

Así pues, apelo a la empatía cuando en sociedad exigimos cambios de mentalidad muy bruscos en un corto plazo de tiempo sin tener en cuenta el impacto emocional y reflexivo que supone para una persona, sin si quiera sopesar que la persona podría caer en el abismo del escepticismo (algún día hablaremos extensamente de ello) con difícil salida. Y no sólo a la empatía, sino a las actitudes constructivas que hacen de un proceso tan revolucionario como una idea, algo más llevadero, enriquecedor y rápido.

Un saludo y nos vemos en la próxima entrada 🙂

#Trabajo social y series: 13 Reasons Why

The world events center • 5pm

[CONTIENE SPOILERS]

En esta entrada analizaremos la serie #13reasonswhy desde la perspectiva del trabajo social. Esta serie trata diversos temas interesantes para nuestra disciplina: desde el suicidio, el bullying, el acoso, el alcoholismo, las relaciones abusivas, las relaciones parentales, la desigualdad económica, la perspectiva de género, la violación y muchos otros.

13 Razones por las que, es una serie americana sobre Hannah Baker y su historia. Nuestra protagonista sufre diferentes problemas en su paso por el instituto durante los dos últimos años de  su vida y nos los cuenta a través de 13 cintas.

Clay, uno de los amigos de confianza de Baker recibe una caja con las 13 cintas un par de semanas después del suicidio de Hannah. Es entonces cuando escucha la historia de la protagonista desde su perspectiva.

Durante el relato, explica situaciones cotidianas que a simple vista parecen no tener efectos más allá de los obvios pero que poco a poco destruyen a una persona.  Como por ejemplo, cuando Justin difunde una imagen acompañada del rumor de que ha llegado a tener sexo con Hannah aunque no ha sido así.

Este tipo de acto tiene implicaciones que la serie nos muestra y que por desgracia, pasan generalmente desapercibidas. A partir de ese momento, la protagonista entra en la rueda del bullying, la excluyen por ese motivo y acrecentan el rumor.

Y lo que es peor, en la serie se muestra certeramente cómo estos rumores ligados al género (femenino) de Hannah implican acoso sexual. ¿Por qué? Por que a partir de ese momento “todos los chicos creen que es fácil”.

En intervenciones con jóvenes en los institutos, es difícil mostrarles las implicaciones que tienen aquello que ellos ven como simples comentarios, especialmente si llevan adheridos efectos de la desigualdad de género. Este material audiovisual puede ser una gran herramienta para ver el otro lado de lo que hacemos, las consecuencias.

Uno de los casos más claros es el de Alex, el cual participa en una lista que hacen en clase los compañeros sobre lo mejor de cada chica. En este caso, a Hannah le toca “tener el mejor culo”. Y aunque él lo hace como venganza hacia su novia por no tener sexo con él – situación que merece un amplio análisis per se- las consecuencias para Baker son terribles, aunque él creyese que era tan sólo una broma inocente.

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La crítica insiste en que la serie, aparte de ser muy explícita en escenas como el suicidio o la violación, culpa a los 14 afectados de la muerte de Hannah y deja el suicidio como una vía posible. Y aunque es una forma de verlo, mi visión personal no es la misma.

Creo que la explicitud es una forma de hacer que el espectador se enfrente de lleno ante problemas como la realidad del suicidio (sin estética ni romance), la dureza de una violación así como el discurso de un violador y la perspectiva de Hannah en general en cuanto a las situaciones.

En definitiva y bajo mi análisis, la serie transmite un mensaje claro -especialmente a través de Clay-: Todos somos diferentes y reaccionamos diferente ante cualquier situación. Y jamás sabemos por qué está pasando la otra persona y cómo puede afectarle aquello que hacemos. Por ese motivo, es importante conocer las consecuencias de nuestros actos, preocuparnos por los demás y sobretodo pedir ayuda.

Os dejo con el trailer de la serie, no sin antes aclarar que pronto dedicaré una entrada exclusiva a la cinta 14 de #13reasonswhy, sobre la intervención del Counsellor con Hannah y cómo una mala intervención a nivel profesional puede ser terrible.

¡Nos vemos a la próxima!