#Experimentos y psicología social: La prisión de Stanford

Hoy hablaremos de uno de los experimentos de psicología social más conocidos a nivel de cultura popular: La prisión de Stanford.

La prisión de Stanford

En 1971, Philip Zimbardo, un psicólogo de la Universidad de Stanford decidió estudiar el papel de los roles en las personas y como las instituciones afectaban al comportamiento humano. En este sentido, decidió emular durante aquel verano una prisión entre las aulas de la universidad en el departamento de psicología.

El experimento

Para ello, puso un anuncio para encontrar voluntarios que participarían en el experimento cobrando 15 dólares diarios en 1971. Escogieron a 24 participantes todos estudiantes universitarios y que habían valorado previamente como saludables y psicológicamente estables.

Se les dividió en dos grupos asignándoles un rol diferente a cada grupo. Por un lado, los guardias, quiénes recibirían porras, un uniforme militar así como gafas espejo para evitar el contacto visual directo. Ellos harían turnos, de manera que volverían a casa “después del trabajo”.

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En el caso de los prisioneros la indumentaria era radicalmente distinta. Vestían sólo batas de muselina y sandalias de goma con tacón, para intensificar la incomodidad e incrementar la desorientación. En la bata llevaban cosido el número que se les asignaba y por el cual se les llamaría durante todo el expermiento así como una pequeña cadena en los tobillos para recordar la opresión. Como añadido, llevarían una media de nylon en la cabeza para simular “cabezas rapadas”.

A partir de ese momento, a los guardias se les hizo una breve orientación con instrucciones como las siguientes:

Podéis producir en los prisioneros que sientan aburrimiento, miedo hasta cierto punto, podéis crear una noción de arbitrariedad y de que su vida está totalmente controlada por nosotros, por el sistema, vosotros, yo, y de que no tendrán privacidad… Vamos a despojarlos de su individualidad de varias formas. En general, todo esto conduce a un sentimiento de impotencia. Es decir, en esta situación tendremos todo el poder y ellos no tendrán ninguno.— vídeo The Stanford Prison Study, citado en Haslam & Reicher, 2003. (Wikipedia)

El experimento se inició con la detención de los voluntarios prisioneros en sus casas y el traslado de los mismos al departamento de psicología de Stanford. Éste se descontroló rápidamente llegando a puntos insospechados. A partir del segundo día ya empezaron disturbios del calibre de un motín así como ánimo por parte de los guardias para hacer horas extras no remuneradas para resolver el asunto, queriendo llevarlo incluso a una prisión real y solicitándolo a la policía local.

El trato humillante y vejatorio no tardó en aparecer por parte de los guardias incluyendo la prohibición de asistir al lavabo. Sus actitudes empeoraban de noche cuando pensaban que no había cámaras y fueron tildadas de sádicas (algunos de los guardias incluso se quejaron cuando el experimento fue cancelado).

Muchos de los prisioneros presentaron traumas debido a los tratos sufridos en la prisión. Aunque el profesor Zimbardo no frenó el experimento hasta que Cristina Maslach, una estudiante de posgrado que realizó entrevistas, señaló las pésimas condiciones de la prisión. Tras seis días, ocho antes de lo previsto, se canceló el experimento.

El resultado

Muchos de los prisioneros presentaron traumas debido a los tratos sufridos en la prisión. Aunque el profesor Zimbardo no frenó el experimento hasta que Cristina Maslach, una estudiante de posgrado que realizó parte de las entrevistas, señaló las pésimas condiciones de la prisión. Tras seis días, ocho antes de lo previsto, se canceló el experimento.

¿Pero, cuales fueron los resultados?

Con este experimento se demostró el efecto de la autoridad en los individuos así como la premisa de la que partía Zimbardo, la despersonalización de los individuos ante la institucionalización.

El experimento recibió numerables críticas que no sólo afectaban a la ética del mismo y cómo su desarrollo afectó a los participantes; a su vez, se criticó contundentemente elementos indispensables como la forma en la que se buscaron los sujetos (el anuncio utilizado rezaba “se buscan voluntarios para experimento carcelario” posibilitando la atracción de personas con cierta predisposición a la violencia), su validez debdio a la falta de evaluación científica posterior entre otros numeros o las actitudes del equipo de Zimbardo que potenciaban las actitudes autoritarias ante los roles de policías influenciando los resultados del experimento, entre muchas otras críticas.

Todavía hoy se utiliza el experimento de la cárcel de Zimbardo como reflexión acerca de los límites de la autoridad y los efectos de la institucionalización. ¿Y vosotros y vosotras, qué opináis?

Os dejo un enlace con información más detallada sobre el experimento en castellano: http://www.prisonexp.org/

¡Nos vemos en la próxima entrada! 🙂

 

 

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#¿Qué quiero hacer con mi vida?

Un día te levantas y parece que todo el mundo tiene una meta, un sueño que cumplir y que el tuyo, que no estás seguro o segura de haber tenido nunca, no está ahí.

¿Qué quiero hacer con mi vida_

Es una situación bastante compleja puesto que la mayor parte de mensajes que recibimos socialmente nos dan herramientas para construir el puente hacia nuestro sueño, nos señalan que todo está en nuestras manos y que sólo tenemos que empezar a caminar…pero, ¿hacia dónde?

No sé hasta qué punto somos conscientes de que no todo el mundo tiene un plan. Y que hacer planes, no es fácil, especialmente en la actualidad dónde el mundo ofrece más posibilidades que nunca.

Y somos personas. Somos humanos y no tenemos a nuestro alcance el conocimiento de todas las posibilidades existentes, más lo que sí tenemos es la presión de escoger y de saber que una vez escoges A, estás dejando de lado miles de opciones que ni si quiera conoces y con las que quizá te identificarías mejor…o no. No lo sabes y no te crees capaz de saberlo.

Toda esta situación crea mucha ansiedad. Ansiedad que sólo se cura con baños de realidad y aceptación. Aceptar algo tan simple como que somos humanos y tenemos límites.

La vida se basa en experiencias, en arriesgar y aprender a caerse y levantarse. Pero eso no es fácil, especialmente cuando los mensajes que recibimos constantemente a nivel social nos crean expectativas (internas y externas) sobre nuestra vida y cómo la llevamos.

Nos auto-enjuiciamos antes de tomar decisiones y es ahí dónde aumentamos los niveles de ansiedad y estrés en relación a decidir, como en este caso, sobre qué hacer con nuestras vidas.

Después de este breve análisis sobre la presión que sentimos sobre qué hacer con nuestras vidas. ¿Algún consejo para crear un borrador y aclarar un poco nuestra mente?

¿Qué quiero hacer con mi vida_ (2)

Es interesante que nos planteemos esto como unos breves pasos para crear un borrador, porque un plan de vida jamás será como esperábamos y partir de esa idea nos ayudará tener unos horizontes lo suficientemente amplios como para cambiar el plan en cualquier momento porque, creédme amigos y amigas míos, será necesario.

¿Qué te gusta hacer?

Debemos centrarnos no sólo en lo que hacemos profesionalmente, también fuera del ambiente laboral. Hacer de lo que nos gusta una profesión es un consejo tan antiguo como complejo de aplicar.

Hay personas a las que les gustan los deportes, la música, la pintura, la danza, las películas… Si aún entre tus aficiones no encuentras camino, no te preocupes, por suerte eres una persona con muchas complejidades y todavía quedan cajones por descubrir.

Haz una lista con las cosas a las que más dedicas tiempo: navegar por internet, mirar series, escuchar música, dibujar… Si de esa lista, no te ves trabajando en ningún campo, felicidades. Acabas de descartar caminos que no quieres hacer. Ahora la búsqueda es más fácil.

¿Qué te identifica?

De nuevo, vamos a hacer una lista. Anota en ella todas aquellas características de ti que te identifiquen, aquello que crees que marca a los demás, que te hace diferente y que además te gusta. Para ello, puedes pedir ayuda a un tercero.

¿Te gusta hablar? ¿Eres más de escuchar? ¿Te gusta más trabajar sola o eres de socializar constantemente? ¿Se te da bien organizar planes? ¿O eres más bien de los que se adapta con facilidad a lo que decide el grupo?

Con estos elementos vas a desgranar qué habilidades son tus fuertes y del mismo modo, te ayudarán a identificar profesiones o caminos en los que encajarás mejor. Si te gusta hablar, echa un ojo a profesiones relacionadas con la comunicación, si por el contrario escuchar, quizá el trabajo social podría ser una de tus opciones. ¿Organizas planes? ¿Qué tal agente de viajes, wedding planner o organizador de eventos? ¿Prefieres trabajar sola? Piensa en entornos en los que te sentirías más cómoda.

Intenta visualizarte en tres años

Quizá no tienes claro dónde quieres estar, qué quieres ser pero tendrás una leve idea del ritmo de trabajo que querrás llevar, si querrás o no vivir en la misma ciudad, si quieres tener familia o no, etc. Estos elementos te ayudarán a acotar todavía más el rango de profesiones posibles.

Habla, habla y habla

Mantén conversaciones sobre el tema con cualquier persona que consideres, aprende de sus experiencias, que te cuenten cómo fue su proceso, su carrera, cómo sabían qué querían ser, cómo llegaron hasta dónde están… Si son personas a las que admiras, mejor. Felicidades, habrás encontrado referentes que incluso podrían ser tus mentores/as.

Estas personas habrán seguido caminos muy distintos que te descubrirán posibilidades desconocidas.

Internet es tu mejor amigo

Recuerda que el mundo profesional es amplio y basto de modo que es muy importante que conozcas posibilidades, profesiones, nichos de trabajo, disciplinas, prácticas e incluso experiencias personales de personas que se encuentran en el mismo proceso que tú: descubrir cual es su camino.

Confía en ti mismo/a

La vida no es fácil, aunque no haga falta que te lo recuerde, de manera que ánimo y paciencia. Todos tenemos un camino, aunque no sea claro, aunque no tenga un objetivo claro, aunque cambie a dos por tres…Es nuestro camino.

Así que déjate llevar por tus propias decisiones y olvídate de lo que la sociedad espera de ti. Suena tópico pero, escúchate. Lo que sientes es clave para decidir qué quieres hacer con tu vida, por que recuerda que al fin y al cabo es tuya.

¡Nos leemos pronto! 🙂

 

#Experimentos de psicología social: Milgram y la autoridad

Uno de los elementos que más disfruté durante mi formación fue la asignatura de psicología social. En ella, durante algunas de las lecciones comentábamos experimentos sociales que habían desarrollado algunos psicólogos con el afán de investigar el comportamiento humano.

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Entre ellos se encontraban los experimentos de Stanley Milgran, un psicólogo en la Universidad de Yale que decidió realizar un estudio entorno a la obediencia y la autoridad intentando medir qué punto somos capaces de obedecer las órdenes de alguien o algo que consideramos autoridad aun entrando en conflicto con nuestra conciencia personal, o dicho de otro modo, hasta dónde dejamos que nos invada el sentimiento de cumplir con la autoridad aunque ésto choque con nuestros valores o principios.

Cabe contextualizar la época de los experimentos ya que se realizaron pocos meses después dalgunos juicios por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi, cosa que llevó al psicólogo a probar cuánto dolor inflingiría una persona a otra sólo porque se lo piden en un experimento científico.

El experimento

Y así lo hizo. Milgram, buscó 40 voluntarios a los que pagarían para un experimento sobre la “memoria y el aprendizaje”. Para el experimento, creó un generador de descargas eléctricas con diferentes interruptores que incrementaban la descarga de 15 en 15 voltios, siendo el más bajo 15 y el más alto 450 voltios. Añadió además etiquetas que informaban del tipo de descarga: moderada, fuerte e incluso “Peligro: Descarga Grave o XXX”.

Empezaron entonces los experimentos, no sin antes recordar a los participantes que se les pagaría independientemente de lo que pasara tras su llegada.

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En la sala dónde se desarrollaba el experimento se situaban 3 personas. En la posición E estaba la persona que hacía de “científico” y que dirigía el experimento.

Por otro lado, entre los voluntarios se les hacía creer que se les dividía al azar entre T (maestro) y L (aprendiz), aunque realmente los L (aprendices) eran actores; éstos eran atados para la prueba frente a los T (maestros-sujetos). Seguidamente, los sujetos principales (T), pasaban al mando de control del generador eléctrico y pasaban a desarrollar el experimento recitando una serie de elementos que los L (aprendices) tenían que recordar. En caso de fallo, el sujeto daba una descarga eléctrica incrementándose en 15 voltios a cada error.

Los resultados

Aunque los actores jamás recibieron descarga alguna, muchos de los participantes llegaron a dar descargas de más de 300 voltios.

Muchos de los maestros miraban al científico de referencia cuando sentían alarma por los gritos del actor en cuestión, pero éste respondía con frases como: “Continúe por favor”, “Es esencial para el experimento que siga” e incluso algunos preguntaban por la responsabilidad de aquellas acciones a lo que el científico respondía “Yo soy responsable” y esto tranquilizaba a los participantes.
Aunque la mayoría de los sujetos del experimento sintieron incomodidad y tensión durante el mismo, todos obedecieron hasta los 300 voltios y 25 de ellos llegaron a los 450 voltios. Tres de ellos tuvieron ataques durante el experimento.
Como conclusión, Milgram destacó que las personas obedecemos ante la autoridad, en ocasiones obviando nuestra responsabilidad y dejando a un lado nuestra conciencia.
Del mismo modo, cuanta más distancia hay con la víctima (en todos los sentidos), más obedientes somos y la misma situación pasa con la autoridad, cuanta mayor proximidad, mayor obediencia.
Yo, tras el conocimiento de este experimento social me cuestioné mil situaciones pero especialmente la principal fue: ¿Realmente hasta qué punto sé quién soy?
¿Y vosotras y vosotros, qué os ha removido?